DE CÓMIC Y MÚSICA. GRAZIANO ROMANI, ZAGOR Y EL REY DE DARKWOOD
Dicen que hay un arroyo por el que fluyen aguas cristalinas. Es el arroyo que conduce a Darkwood. También dicen que hay un lugar donde la luz de las estrellas es más suave que el satén. Bueno, ese lugar es el mismísimo Darkwood. Me hago cargo, es muy posible que no tengas ni idea de qué estoy diciendo. O tal vez sí. Todo depende en cierto modo de tu equipaje cultural juvenil; de si has sido o no lector de cómics y, en caso afirmativo, de cuáles de ellos han entrado a tu biblioteca. Sea como sea, quizás ya sabrás o hayas adivinado que hablamos de un territorio ficticio. Un entorno de fantasía que es al mismo tiempo escenario de múltiples aventuras y la fuente de inspiración de la que bebió Graziano Romani para crear Zagor, King of Darkwood.
Una historia, varios protagonistas
Al igual que sucede en otras tantas ocasiones, esta historia es el resultado del confluir de elementos de diversa naturaleza. Podríamos afirmar que el actor principal es un cantautor italiano nacido en 1959, un músico que formó su banda Rocking Chairs en 1987, que participó en el supergrupo Megajam 5 en 1997 y que atesora, desde 1993, una interesante carrera en solitario proyectada tanto en su lengua materna como en la de Churchill. El nombre de este personaje es Graziano Romani y, además de un trovador de fuerte renombre en su país, es un experto en el mundo del cómic que no solo ha escrito varios ensayos sobre autores itálicos sino que, además, ha sido el responsable de la traducción oficial de títulos tan relevantes como Príncipe Valiente.

Por otro lado tenemos a Zagor, un héroe de ecos tarzánidas cuyas proezas tienen lugar en un oeste americano de carácter dispar repleto de nativos, extraterrestres, científicos locos, hombres lobo, vampiros y aventureros; todo ello bajo un contexto basado en los estándares de un western clásico debidamente salpimentado con fantasía y ciencia ficción. Zagor, cuyo verdadero nombre es Patrick Wildind, habita en un edén tan montañoso como boscoso y pantanoso que recibe el nombre de Darkwood. Su apodo deriva de Za-Gor-Te-Nay, una expresión que en algún dialecto indio por determinar significa “El espíritu con el hacha”.
Zagor, claro, es un personaje de ficción creado en 1961 por el autor Sergio Bonelli (Guido Nolitta según su seudónimo más frecuente) y dibujado por Gallieno Ferri. Con el paso de las décadas, sus aventuras se han convertido en un clásico imprescindible del cómic italiano; uno de esos nombres que han acompañado con sus páginas el desarrollo de varias generaciones de jóvenes. Sentados los precedentes, a nadie le debería extrañar el amor que todo un aficionado a las viñetas como Graziano Romani siente por Zagor y todo su universo de personajes, situaciones y referencias culturales creadas a base de tinta e imaginación.

Un sentido homenaje
La concepción de Zagor, King of Darkwood se dispara en 2009 con motivo del ochenta cumpleaños de Gallieno Ferri, padre gráfico de la criatura. Graziano Romani entabla conversaciones con Sergio Bonelli y como resultado surge un álbum que pretende ser toda una honra a la memoria del famoso personaje. Aquí hablamos de un músico que siempre ha gozado de plena autonomía creativa, por lo que su involucración en el proyecto fue total y absolutamente personal, proyectada desde el afecto más profundo. El resultado son quince canciones sinceras y sentidas que se disfrutan plenamente sin tener en cuenta que el oyente sea seguidor o no de las aventuras de Zagor. Evidentemente, este es un disco pensado para los fans del héroe, pero que no deja de lado a quienes, como fue mi caso, sean radicalmente ajenos a sus aventuras en el momento de iniciar la escucha.
¿A qué suena el Zagor de Graziano Romani?
En esencia, todo se envuelve bajo la apariencia de un sencillo disco de folk acústico con mucho tinte de blues y algún breve arrebato roquero. Las canciones se desarrollan a través de atrapantes armonías arropadas por la cálida voz de Graziano Romani, quien además se hace cargo de todos los instrumentos salvo de la percusión. La cosa inicia con Darkwood, la canción más representativa del conjunto y, desde entonces, todo un estandarte melódico para los seguidores de Zagor. El carácter del álbum queda perfectamente representado en este tipo de composiciones dotadas de una cadencia a la que es difícil renunciar. Sucede en esta primera pieza, pero también en otras como The song of Wandering Fitzy, Clear water home o Guitar Jim.
Parece ser que la melodía de Darkwood gustó especialmente a su autor, ya que esta la empleó para otras canciones del mismo disco. La primera de ellas es Darkwood rag, reinterpretación del tema principal en clave ragtime; la segunda corresponde a Zagor, king of Darkwood, donde se utiliza la misma música para sobreponerle una nueva letra. Por si no fuese suficiente, el álbum concluye con una versión demo a modo de bonus track.
Como ya hemos señalado, el tono dominante es el de ese tiempo pausado y acústico construido a base de folclore y blues. Sin embargo, también queda espacio para raptos más intensos como en Bring on the bad guys, presentación oficial de los villanos de la historia. Aunque si una canción merece una mención aparte, esa es la dedicada al eterno compañero del protagonista, un estereotipado personaje mexicano que juega con ventaja en terrenos sembrados por la comedia y la vergüenza ajena. Hablamos nada menos que de Chico Felipe Cayetano López Martínez y González, digno merecedor de un corte cantado en castellano y con fuerte olor a mariachi.
Para completar su particular homenaje a Zagor, Graziano Romani incluye cuatro versiones de temas tradicionales irlandeses: Molly Malone (junto a Andy White), The willow tree, The minstrel boy y On top of old smoky, en la que colabora Matthew Ryan. Lo más probable es que la elección de este tipo de canciones responda a alguna justificadísima decisión que me ha sido negada como profano del círculo de seguidores de este cómic. Sin embargo, todas ellas encajan magistralmente en el discurso narrativo del disco.

Graziano Romani y Zagor. De cómics y música
Zagor, King of Darkwood fue un trabajo de tirada corta editado por Coniglio Editore y distribuido principalmente en quiscos y tiendas de cómics. Para la portada se contó con el ilustrador original de las historietas, Galliano Ferri, y el conjunto se acompañó por un librito de quince páginas repleto de dibujos inéditos, testimonios, artículos y demás cepos para fanáticos. Su carácter de producto de nicho sumado al prestigio como cantautor de Graziano Romani hicieron que el álbum se moviese con soltura desde el principio; primero entre coleccionistas y amantes de las viñetas, luego entre quienes llegamos hasta él por la música, por su propio carácter de novedad discográfica.
Pese a que esta primera edición se agotase relativamente temprano, las dificultades económicas de Coniglio Editore frenaron la posibilidad de nuevas impresiones. Así, el Zagor de Graziano Romani se convirtió en una especie de pieza de culto hasta que tres años después, en 2012, Panini Comics lo reeditase bajo el título Mi name is Zagor.
Alrededor del disco comenzaron a crearse ciertos foros de asunción entre tebeos y música al mismo tiempo que la canción Darkwood quedaba transfiguraba en himno para los seguidores de Zagor. Finalmente, este concordato entre ambas disciplinas artísticas supuso en cierto modo un cambio en la perspectiva profesional de un Graziano Romani que dedicó los años siguientes a cultivar su afición por las historietas y componer nuevas obras dedicadas a clásicos italianos como Tex, Mister No o Diavolik. En 2013, además, sus canciones formaron parte de la banda sonora del documental Noi, Zagor.
Es posible que este no sea el mejor disco de su autor. Sin embargo sí que es una muy recomendable puerta de entrada a su cosmos sonoro, así como un trabajo de gran valía artística cuyo disfrute, pese a que pueda parecer lo contrario, no queda supeditado a aquellos devotos de Zagor, incuestionable rey de Darkwood.

Ha habido algunos álbumes de música conceptuales que se han basado en comics o han dado lugar a comics como 2112 de Rush. Saludos
Exacto, Federico. Las artes siempre han interactuado entre sí. Igual que hablamos de cómics, podríamos hacerlo de cine, literatura o pintura, por ejemplo.