
TRACY BONHAM. DOWN HERE Y LO QUE HABRÍA PASADO
Hay cuestiones a las que es mejor no darles muchas vueltas. Por nada en concreto, simplemente porque no vale la pena. Hablamos de planteamientos a posteriori, de juicios de valor que no van a cambiar ni un ápice la realidad. Cosas como que si lo llego a saber, no le digo nada. En este sentido, existe un dicho que afirma que a toro pasado, todo son cuernos; y este pequeño pedazo de sapiencia popular expresa muy bien lo que se busca definir aquí: que es realmente sencillo pronosticar el futuro cuando este ya pertenece al pasado. Tan fácil como innecesario en la mayoría de los casos. Y aun así, seguimos erre que erre, devanándonos los sesos pese a saber que en pocas de estas ocasiones existe una solución reconfortante o esclarecedora. Porque, seamos francos, llegados a un punto de la vida qué sentido tiene preguntarse dónde estaríamos si hubiésemos aceptado ese trabajo o, qué sé yo, qué habría pasado si Tracy Bonham llega a publicar Down here dos años antes.
Nacer, crecer, triunfar
Tracy Kristin Bonham se estrena como ser humano el 16 de marzo de 1967 en Eugene, Oregon. Ya en su infancia podemos presuponerle una predisposición natural hacia la expresión musical, una afición que seguramente condiciona su posterior educación en diversas escuelas y universidades donde, entre otras cosas, aprende tanto a cantar como a tocar el piano y el violín, este último con maestría académica. Su debut discográfico se produce sin prisas, cuanto ella contaba con veintiocho años de edad, y se materializa en la grabación del ep The Liverpool sessions. Esta tardía obra de presentación llama la atención de alguien con despacho e, inmediatamente, Tracy ficha por Island Records.

La fama la golpeó con fuerza y suponemos que sin notificación previa. En 1996 publica The burdens of being upright y en tan solo seis meses se venden más de 500 000 copias, hecho que certifica al álbum como disco de oro. Gran parte de la culpa de su celebridad la tuvo el sencillo Mother mother y su vídeo musical, un tándem que resonó perennemente en radios y canales musicales. La verdad es que era el momento adecuado. El reciente éxito masivo de artistas como Sheryl Crow o Alanis Morissette abrió las puertas del campo a una procesión de cantautoras rock y pop que recibían una entusiasta acogida por parte del público. Tracy Bonham fue una de ellas, tal vez una de las primeras; recordemos que fue durante estos últimos años de la década cuando comenzaron a resonar nombres como los de Meredith Brooks, Natalie Imbruglia o Linda Perry, que se aventuraba en solitario tras la disolución de 4 Non Blondes.
Realmente, la propuesta de Bonham era un tanto diferente, bastante más alternativa y cercana ideológicamente (aunque no necesariamente en lo estilístico) a la obra de otras como PJ Harvey, Aimee Mann o Tory Amos. Sin embargo, como decíamos, el momento fue el adecuado y The burdens of being upright se convirtió en todo un bombazo durante 1996.
Tracy Bonham y su segundo disco
Aparentemente, Tracy no se ve excesivamente afectada por la fama repentina y, tan pronto como puede, comienza a preparar lo que sería su segundo disco. Ya se sabe, a estas cosas es mejor darles rápida continuidad una vez que concluyen todas las giras y campañas promocionales de obligado cumplimiento. La grabación comienza en marzo de 1998 en los estudios Magic Shop de Nueva York. La idea principal era subir la apuesta de su carta de presentación manteniendo intacto el mismo espíritu emancipado. Para ello se contó con dos productores, Mitchell Froom y Tchad Blake, que eran, básicamente, personas a quienes podías llamar si querías que tu trabajo destacase por su autenticidad. El problema fue que Island Records no pensaba de la misma manera y desconfió tanto de la aptitud como de la voluntad de ambos profesionales para crear canciones superventas que asegurasen su inversión. Los roces fueron continuos, y cuando la demanda de temas cada vez más comerciales se volvió difícil de tolerar, Froom y Blake llegaron al punto de prohibir expresamente la entrada de ningún trabajador de Island en el estudio.

En medio de todo este clima se produjeron graves retrasos debido a restructuraciones internas en Island Records como consecuencia de que su empresa matriz, Polygram, se encontraba en plena fusión con Universal Music Group. Entre tanto, Tracy Bonham continuaba haciendo lo que podía mientras a su alrededor todo parecía desmoronarse a cámara lenta. Los plazos se asemejaban a papel mojado y ella cada vez contaba con menos gente de confianza en la misma discográfica que entorpecía la labor de producción del disco. En general, las fechas previstas no se cumplían y el proceso parecía demorarse ad infinitum.
Fue durante uno de estos lapsos en los que nada parecía suceder cuando Tracy Bonham decide ceder mínimamente a las exigencias y grabar una canción de aspiraciones más populares, aunque sin renunciar a la potencia ni a lo que la había definido hasta la fecha. Todo fuese por tratar de descongestionar el estado general de las cosas. El resultado fue Behind every good woman, un tema efectivo y de estructura elemental que hizo dar palmas a los ejecutivos de Island Records mientras animaban a la cantante a continuar por esa misma vía. No se sabe si por inercia o por convicción, al poco tiempo se entregaba Fake it, una segunda concesión a la cordialidad, continuista de la senda del anterior (aunque con un tanto más de más personalidad) y que dejaba a la discográfica más o menos convencida de que ya tenía un disco que lanzar.
La última puntada para rematar todo esta letárgica sucesión de despropósitos fue eliminar del repertorio algunas canciones, especialmente baladas románticas que no congeniaban mucho con el resto de composiciones. Eso, y cambiarle el nombre al disco. En un principio, Tracy Bonham había decidido que su segundo trabajo se presentaría como Trail of the dust devil, una especie de metáfora sobre su propia percepción del negocio musical cuyo significado no vamos a desentrañar ni aquí ni ahora. Sin embargo, las sucesivas demoras y cambios de rumbo pudieron condicionar a la artista hasta hacerla pensar que el álbum debería envolverse con un apelativo distinto al ideado en origen.

Y, por fin, Down here
Así las cosas, más de dos años después de lo planificado y cerca de cuatro desde que The burdens of being upright saliese a la venta, Down here se publica finalmente el 18 de abril de 2000. El resultado final reflejó el empeño de Tracy Bonham por mantener intacta su independencia creativa y, al mismo tiempo, tratar de alejarse de todas aquellas voces que la comparaban directamente con otras divas del rock alternativo como PJ Harvey; aunque esto último fue difícil de lograr. Down here es en su totalidad un disco que revela un gran avance respecto al debut. Musicalmente aparenta solidez, es más complejo y completo. Aquí hay un mayor grado de experimentación, mucha más diversidad de sonidos, aunque estos no dejen de adscribirse a unos estilos relativamente bien acotados. Tras las bases esenciales de guitarra, bajo y batería se aprecian detalles que embellecen el conjunto. El violín de Bonham atraviesa la mayoría de las canciones de manera más o menos sutil mientras aporta riqueza a todo lo que toca. Por lo demás, es habitual la presencia de diferentes instrumentos de teclado e incluso marimbas o algún que otro discreto viento.
Pero Down here suena compacto, con mucha distorsión y capas de guitarras. Es, esencialmente, un disco de rock alternativo. Si bien hay momentos pausados como el de la preciosista Second wind y otros de mayor experimentación como You can’t always not get what you don’t want, la base de todo esto la conforman los temas más pesados y contundentes que juguetean con habilidad entre el pop más ruidoso y el rock más enérgico. Hablamos de los ya mencionados Behind every good woman y Fake it, pero también nos referimos a You don’t know me, Jumping bean, Thumbelina o Meathook. Se trata, en definitiva, de un trabajo personal y de gran madurez; un notable salto hacia adelante que podría haber catapultado a Tracy Bonham hacia un nuevo nivel en la escena internacional.
Lo que pudo ser y lo que fue
Pero no sucedió así. Down here mereció una buena acogida inicial y críticas mayoritariamente positivas; sin embargo, ni el desenlace fue el esperado ni los seguidores de Tracy Bonham reaccionaron como se esperaba de ellos. ¿Qué había pasado? Pues algo muy sencillo, los tiempos eran diferentes a cuando The burdens of being upright se vio arropado de manera natural por una favorable marea de predisposición hacia el rock alternativo y las nuevas voces femeninas. Ahora, a comienzos del nuevo siglo, la corona correspondía al nu metal. El clima cambia y los gustos mutan, es ley de vida.
Pese a su incuestionable calidad, Down here no recibió el espaldarazo necesario para abrirse camino a través de la espesa jungla de lanzamientos musicales. Tracy Bonham había sido todo un nombre hacía tan solo cuatro años, pero ahora los grandes medios veían en sus composiciones algo difícil de difundir y estas tuvieron más bien poca repercusión en radio, televisión y otros soportes de comunicación. Por otro lado, buena parte de sus fans se habían diluido por el camino entre las propuestas y tendencias musicales del recién estrenado siglo XXI. Muchos de los que siguieron con fervor a la artista en 1996 lo hicieron en base a un único disco y, especialmente, a la canción Mother mother. Cuatro años es mucho tiempo para mantener ese tipo de compromiso intacto si no se renueva el pacto con la velocidad necesaria.
En definitiva, el disco tenía que haber salido a la venta en 1998 pero las circunstancias obligaron a un retraso que se prolongó de manera fulminante creando el paréntesis de silencio suficiente como para que muchos se olvidasen de Tracy Bonham o, sencillamente, no acogiesen su nuevo álbum con la calidez debida.

Entonces, ¿qué habría pasado si Tracy Bonham hubiese publicado Down here dos años antes? Pues no lo sé y, como decíamos al comienzo de todo esto, ya poco importa. Lo que sí sucedió fue que en 2001 Island Records desistió el contrato que la ataba con la artista mientras esta se encontraba preparando lo que sería su tercer álbum. Tracy terminó por desarrollar una reacción de sincerísima adversidad por cualquier cosa que oliese a discográfica y decidió que su carrera musical discurriría a partir de ese momento por otros derroteros.
Tracy Bonham tras Down here
Como siguiendo un consciente ejercicio de coherencia, tardó cinco años más en editar otro trabajo, un muy agradecido compendio compositivo con un corte más intimista, más de raíz, que la alejó de todo ese espectro del rock alternativo y del escrutinio de los grandes medios de difusión. Ahora, quien la siguiese sería porque de verdad quería hacerlo, no porque ella era esa chica que había grabado Mother mother en 1996 y luego había sacado, creo, otro disco. En un determinado momento de su vida se mudó a Woodstock y ahí continúa, entre agrestes praderas y viejos músicos jubilados. De vez en cuando, aproximadamente cada lustro, presenta una nueva colección de canciones. En ocasiones incluso se enfrasca en proyectos didácticos infantiles, “el tipo de disco para niños que los padres no se volverían locos escuchando”, en sus propias palabras.
A grandes rasgos, Tracy Bonham posee una exquisita discografía que debe paladearse con calma pues cada nueva entrega, además, acostumbra a desviarse de la senda trazada por la anterior. Desde esta tribuna, sin embargo, seguiremos reivindicando este segundo disco que no solo se nos antoja el punto álgido de su carrera sino que, con la eficacia de un trauma bien resuelto, selló las bases de la manera en que la intérprete haría las cosas a partir de su lanzamiento.

Estoy de acuerdo, Tracy Bonham, tiene una exquisita discografía. Muy buen post. Saludos
Gracias por el comentario, Nuria.
Algo parecido pasó en 1977 con el auge del punk, que se fueron al traste muchas de las bandas de rock progresivo y otras sobrevivieron haciendo su estilo más comercial como el caso de Génesis. Saludos
Pues sí, Federico, es el signo de los tiempos. Gracias por el comentario.