SLEEPIFY, O CÓMO ENGAÑAR A SPOTIFY
A comienzos de 2014, un músico de nombre Jack Stratton tiene la extravagante idea de comenzar una gira de entrada gratuita por varios rincones de los Estados Unidos. Lo llamativo de su plan reside obviamente en el concepto de lo gratis, algo que responde a un ideal que, si bien muchos querrían poder llevar a cabo, solo unos pocos pueden permitirse. Jack, por supuesto, pertenece a esa categoría de músicos que necesitan dinero para sobrevivir. Aun así, la ilusión de poder ofrecer a sus seguidores actuaciones a cambio de nada continúa rebotando en el interior de su cabeza en busca de una vía de financiación. Finalmente el objetivo se logra, aunque para ello tuvieron que implicarse las declaraciones de un famoso productor, la más potente plataforma de contenidos musicales online del momento y un nuevo álbum basado en un concepto puramente rupturista que fue bautizado como Sleepify.
Un grupo de funk
Jack Stratton, Theo Katzman, Woody Goss y Joe Dart habían fundado Vulfpeck en 2011. Todos ellos habían coincidido en la escuela de música de la Universidad de Michigan y la idea de formar la banda fue el resultado inevitable de una sesión de grabación en el Duderstadt Center, una instalación de recursos artísticos del mismo campus. Desde el principio, el grupo se orientó hacia un sonido mayoritariamente funk; entretenido y con interesantes pasajes instrumentales que cobraban especial relevancia en sus directos. Su carrera no despega mal y pronto consiguen una sólida base de seguidores; tal vez no muy extensa, pero sí fiel y comprometida. Graban discos de estudio, algún ep y un álbum en vivo. La cosa va bien.

Las declaraciones de un famoso productor
Pese a lo que hayamos afirmado en el primer párrafo de esta historia, no sabemos con exactitud si la idea de programar una gira con entrada gratuita vino de la nada o surgió tras escuchar unas declaraciones del productor Ron Fair, famoso, entre otras muchas cosas, por la inmensa fama de la canción Lady Marmalade en su versión interpretada por Pink, Christina Aguilera, Lil’ Kim y Mýa. El caso es que este aseguraba que gran parte del éxito de la banda sonora de la película Moulin Rouge se debía a este tema y, más concretamente, a que Lady Marmalade no pudiese adquirirse en forma de sencillo, por lo que todo aquel que quisiera una copia del tema, se vio obligado a comprar el disco completo. La trampa comercial del mega éxito.
Parece ser que las declaraciones del productor fueron lo que espolearon a Sttatton a tratar de buscar la manera de conseguir dinero con el que sufragar los gastos de la próxima gira de Vulfpeck. Poco a poco, hilo a hilo, el músico alcanzó una revelación que le llevó a colarse entre las grietas del infame sistema de regalías de Spotify.
Tumbando al sistema. Las rendijas de Spotify
Como es bien sabido, de Spotify pueden predicarse tantas virtudes como vilezas. Por un lado, y de cara al usuario, la plataforma permite el acceso a un catálogo musical que difícilmente te lo terminas por un precio relativamente asumible o, en su versión más limitada, directamente gratis. Sin embargo, la otra cara de la moneda dibuja un panorama donde solamente los músicos más grandes, aquellos con un número de reproducciones realmente elevado (pero que muy, muy elevado), tienen acceso a beneficios destacables por su obra. Por resumir el funcionamiento del sistema, cada vez que un oyente escucha una canción durante más de treinta segundos, el propietario de la misma recibe un dinero que, a fecha de 2014, se situaba en torno a los 0,005 céntimos de dólar estadounidense en el mejor de los casos. La fórmula de Spotify, por supuesto, no difiere ni difería demasiado de la del resto de plataformas digitales.

Partiendo de esta miserable premisa, Jack Stratton movió de un lado al otro las bolas de su ábaco mental y calculó el total de reproducciones que la música de Vulfpeck debería alcanzar para lograr el dinero que les permitiese financiar su gira gratuita. Los números, evidentemente, no cuadraban; solo para obtener un dólar serían necesarias cerca de doscientas escuchas de una duración superior al medio minuto.
Sin embargo, ¿qué pasaría si se iniciase una campaña viral para que la gente escuchase en bucle un único disco? Pero, claro, esas personas no tendrían por qué someterse constantemente al runrún de las mismas canciones sonando una y otra vez. ¿Y si no hubiese volumen? Entonces el sonido no molestaría a nadie. O, aún mejor, ¿y si se tratase de un álbum compuesto por el más puro y absoluto silencio?
Sleepify, el auténtico sonido del silencio
Dicho y hecho. En abril de 2014 Vulfpeck anuncian Sleepify, un disco de diez nuevas canciones en las que no se escucha absolutamente nada. Puro silencio. El álbum es presentado como el complemento perfecto para conciliar el sueño, un acompañamiento nocturno ideal cuyo primer tema se llama Z, el segundo Zz, el tercero Zzz y así sigue la cosa, correlativamente hasta llegar al último corte, Zzzzzzzzzz. Todas las composiciones tienen una duración ligeramente superior a treinta segundos; el disco entero ocupa poco más de cinco minutos.
La promoción se acompañó por un vídeo en el que Jack Stratton exponía su plan al universo. La idea era sencilla: si todo el mundo dejaba Sleepify reproduciéndose en bucle durante la noche entera, el disco alcanzaría día tras día una cantidad de reproducciones suficientemente alta como para que Spotify tuviese que ingresarles un buen dinero. Las estadísticas de reproducción, además, servirían para localizar los puntos calientes e ir seleccionando de esta manera las paradas para los próximos conciertos. Por último, y gracias a sus poderes narcolépticos, el disco también ayudaría a conciliar el sueño del oyente. Todo un cúmulo de bondades.
Spotify se hizo eco de la jugada y llegó incluso a alabar su atrevimiento e inteligencia. Sin embargo, Sleepify alcanzó la cifra de cinco millones de reproducciones a las pocas semanas de su lanzamiento y determinados sectores de la compañía comenzaron a sentirse un tanto inquietos con la perspectiva de un caso que pudiese sentar precedente y provocar cierto efecto de imitación. Además, por supuesto, cada día que pasaba Spotify debía más dinero a Vulfpeck. Así, el grupo recibió una petición formal para retirar su disco silencioso bajo la premisa de que este violaba las políticas de contenido de la plataforma. La respuesta de Jack Stratton y el resto de componentes de Vulfpeck fue expeditiva: si Spotify quería eliminar Sleepify, tendrían que hacerlo ellos mismos.
El fin de un sueño, el inicio de una gira gratuita
El 26 de abril de 2014, el álbum más silencioso jamás grabado fue borrado para siempre del catálogo virtual de la compañía. Sin embargo, Vulfpeck recibió cerca de veinte mil dólares que le permitieron organizar su deseado “Sleepify tour”, una gira que pasó por ciudades como San Diego, Nueva York, San Luis Obispo, Los Ángeles, Chicago o Ann Harbor.
Además de contribuir a que el nombre del grupo fuese conocido en todo su país y buena parte del territorio extranjero, este episodio puso de manifiesto que los sistemas de regalías de las principales plataformas digitales también son susceptibles de resquebrajarse. Al menos durante breves lapsos de tiempo y mediante actos de pura guerrilla.

Reacciones frente a Sleepify
Durante el escaso mes que estuvo en activo, Sleepify llamó la atención de aficionados y profesionales del mundo de la música que acogieron con humor y buena gana la osadía de Vulfpeck. El crítico Tim Jonze escribió en The Guardian una crítica del disco que incluía párrafos como el siguiente: “La primera canción, Z, ya marca el tono, es una obra sutil e intrigante que deja pendiente al oyente sobre lo que vendrá a continuación. Le siguen Zz y Zzz, que continúan con una lírica similar mientras se mantienen fieles a la estética minimalista de Sleepify. A medio camino, te das cuenta de que Vulfpeck tratan de usar el mismo truco de los Ramones: pueden tener solo una canción, pero es muy efectiva”.
Una breve acción de surfeo por Internet nos devuelve otras crónicas de oyentes no profesionales. “Horrible prensado, – comienza un usuario de Discogs – el ruido superficial arruina completamente la experiencia”. Los comentarios de Google resultan más benévolos y de ellos se desprenden joyas como esa que tilda Sleepify de ser “una obra brillante. El mejor disco conceptual desde Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Una ruptura rara y victoriosa en el típico mundo audible de la música. Diría que nunca he escuchado un álbum mejor, pero tampoco estoy seguro de haber escuchado este”.

Un último cronista deja fluir su vena más poética para destacar las cualidades ocultas de un disco que “ha cambiado mi vida. Gracias a esta obra de arte magistralmente elaborada, he logrado dominar todos los aspectos del sueño. Ayer a la mañana me desperté y encontré tres carboneros albaneses a los pies de mi cama con una expresión que solo pude interpretar como de admiración y asombro por la profundidad y gracia de mi sueño”.
Y para finalizar, solo quisiera dejar una puerta abierta a todos aquellos melómanos coleccionistas que deberían saber que Discogs y otros sitios web ofrecen la posibilidad de adquirir una copia de Sleepify en formato de siete pulgadas. Por si hubiese dudas, veo conveniente aclarar que si alguien tiene que comprobar la calidad del producto final, ese no seré yo.
Imagen 1: Do512. Imagen 2: Justin de Nooijer. Imagen 3: Justin de Nooijer.

Desde luego, la cantidad que paga Spotify por reproducción es ridícula. Saludos
Spotify y el resto de plataformas. Ahí hay poco negocio para la mayoría.
Me encanta esta historia. Salvando las diferencias, claro está, trata de una hormiga que logró poner de los nervios a un gigante. Y eso siempre es bueno.