CBGB & OMFUG. HISTORIA DE UN GARITO PUNK

CBGB & OMFUG. HISTORIA DE UN GARITO PUNK

Lo más curioso es que Hilly Kristal solo quería abrir un club de country. Pero de ahí a ser considerado como uno de los mayores benefactores del punk, hay un trecho. Y es que así de caprichosa es la vida, esa perra indisciplinada que a veces te empuja a trazar caminos sobre mapas que ni siquiera pretendías desplegar. Aunque en ocasiones es para bien y entonces todo parece cobrar sentido, incluso en medio de un maremoto de ruido, suciedad y caos que se refugia bajo las siglas CBGB & OMFUG.

El Bowery siempre fue una de los principales vía de paso que cruzaban la isla de Manhattan. Sus calles, menos bulliciosas que las de la ciudad de Nueva York, se adjudicaron el papel de lugar de descanso para algunos habitantes acaudalados de la metrópoli desde comienzos del siglo XVIII. Tal vez por eso muchos grandes hombres de negocios comenzaron a fijar ahí sus residencias otorgándole así una categoría de enclave privilegiado para la élite aburguesada de comienzos del siglo XIX. Poco a poco, sin embargo, la zona fue perdiendo respetabilidad y su perfil se adornó con toda clase de tabernas, prostíbulos y alojamientos tan económicos como infectos que acogían a inmigrantes, marineros recién desembarcados y demás gente de ínfima estofa. Esto fue lo que definió al barrio en las siguientes décadas y, así, a comienzos de los años setenta del siglo XX sus calles eran refugio habitual de vagabundos, yonquis o pandilleros. Una postal que si bien no definía completamente al vecindario, sí que remarcaba su estado de salud y su reputación. Poca gente que pudiese no hacerlo decidía asentarse ahí.

CBGB Hilly Kristal

La década de los setenta, además, se estrenó con un duro periodo de inestabilidad económica provocada en parte por la llamada crisis del petróleo. Estados Unidos fue especialmente sensible a esta recesión y los niveles de desempleo e inseguridad fueron severos en las áreas más desfavorecidas. Así las cosas, Hilly Kristal arrenda un local en el número 315 de la avenida Bowery.

Cómo no abrir un bar de country

Hilly era en parte músico por vocación y en parte hostelero fracasado. De la música no vivía y ya se había visto obligado a bajar la persiana de algún local dirigido por él mismo. Pero parece ser que también era perseverante, y a comienzos de diciembre de 1973 inaugura un nuevo bar al que llama Hilly’s On The Bowery. Su idea era la de crear un refugio para la música de pura esencia americana, esa de raíz country cuya escena era más bien escasa en Nueva York. Su primera clientela fueron grupos de moteros, vecinos sin mucho que gastar y gente sin hogar en busca de refugio. Hilly va tras bandas que actúen en su local, al que cambia el nombre por CBGB, siglas de “country, bluegrass, blues”, los tres estilos que pensaba apadrinar sobre su escenario.

Pero sucede que los dictados de la moda miraban hacia otra dirección y una nueva generación de músicos comenzaba a asomar la cabeza desde el desamparo social, el inconformismo, el gusto por la anarquía y, en ocasiones, unos pocos trazos de intelectualidad beatnik. Era lo que pronto se daría a conocer como punk, o incluso más adelante new wave, y que por aquel entonces era simplemente “música nueva”. Sea como sea, las bandas country no terminan de hacerse eco de la existencia del CBGB y, en su lugar, comienzan a llegar jóvenes en busca de un lugar donde tocar. Parece ser que todo comienza a tomar forma con Television, grupo que llegarían a tener un nombre entre los más grandes y que pudieron presentarse en directo bajo el paraguas de Hilly Kristall y su garito. Tras ellos, el lugar comenzó a ganar fama de manera discreta.

CBGB exterior

Si tenías una banda punk, el CBGB era donde podrías subir a un escenario. Suponemos que este cambio de rumbo en lo musical pudo sorprender a Hilly en un principio. Con la intención de ablandar la voluntad del propietario, algunos grupos aseguraban que también tocaban algo de blues. Por supuesto, siempre era una mentira que quedaba bien patente en la prueba de sonido que se hacía a los candidatos. Pero esto parecía importar poco, como bien demuestra que el nombre del bar pronto cambió a CBGB & OMFUG, siglas de “other music for uplifting gormandizers” (algo así como “otra música para nuevos glotones”).

Si querías actuar en el CBGB primero tenías que tratar directamente con el jefe y, más tarde, cumplir dos reglas básicas. La primera, tú ponías el equipo; la segunda, tocar temas propios. Con esta última norma, Hilly evitaba pagar el correspondiente tributo a la ASCAP, la asociación que protege los derechos de autor de compositores y autores estadounidenses. Esto, además, garantizaba actuaciones auténticas con bandas que trabajaban material compuesto por ellas mismas y afianzaban de esta manera una escena que nacía con fuerza desde el lodo de la ciudad.

CBGB Ramones

Sucio, ruidoso, oscuro. Auténtico.

El CBGB era un antro con todas las de la ley. Un garito oscuro y ruidoso, falto en higiene y cuyas paredes fueron decorándose poco a poco con miles de pegatinas, carteles y grafitis. Sus baños fueron toda una institución testigo de meadas fuera de la taza, broncas, sexo de diverso calibre, múltiples sustancias y purgas intestinales. Mientras, la gente se agolpaba junto la barra, frente al escenario o simplemente ocupaba cada hueco de aire disponible bebiendo, fumando, consumiendo chilli y dejándose llevar por el ambiente de desorden que marcaban los cánones. Entre la clientela habitual podías ver a gente como Iggy Pop, Patti Smith, Debbie Harry, Lou Red, Joey Ramone o David Byrne. Algunos pagaban sus consumiciones y otros no; tampoco pasaba nada. Más allá de las puertas, el entorno no era precisamente idílico. El bar estaba ubicado bajo un motel de mala muerte y entre edificios industriales, por lo que la música y la muchedumbre no causaban molestias directas a vecinos que tratasen de conciliar el sueño. Bolsas de basura, vagabundos, suciedad, patrullas de policía… podría ser una película llena de tópicos, pero era el Bowery. Supongo que quienes no lo vivimos solamente podemos revelar esta clase de fotografías en nuestra cabeza y presumir que probablemente fuese más ruidoso, más salvaje y, por supuesto, mucho más divertido de lo que imaginamos.

CBGB baños

Del CBGB al estrellato

Así, el CBGB pasó a ser el trampolín que muchos grupos emergentes emplearon para dar su salto a la fama. Por este tugurio sucio y decadente pasaban habitualmente bandas como Blondie, Talking Heads, Patti Smith Group, Ramones o Dictators. Algunos de ellos apalabraban residencias, por lo que era posible verlos en directo incluso varias veces por semana. No todo lo que ahí sonaba era del agrado de Hilly Kristal. Durante una entrevista concedida en 1998, él mismo sentenciaba que “no me gustaban algunos de los grupos que tocaban en el CBGB, pero los animaba a hacer lo suyo, a desafiar lo establecido”. Aun así, es fácil suponer que sus gustos musicales fueron mutando con el paso de los años. El local se convierte pronto en la principal referencia del underground neoyorkino y atrae a bandas foráneas como The Dead Boys con su espectáculo obsceno y autolesivo. Asimismo, en 1997 The Damned se convierten en la primera formación de punk británica que actúa en suelo americano. Y tras ellos llegan otros como The Police o Elvis Costello. Al mismo tiempo que la década de los setenta respira sus bocanadas finales, el escenario del CBGB ya había soportado el peso de nombres como Misfits, The Fleshtones, Madonna, The Cramps, The B-52’s o Joan Jett, además de los ya mencionados.

The Cramps

Hilly Kristal fue denostado en vida por muchos de sus contemporáneos, pero también fue considerado como todo un benefactor; no solo de la escena punk mundial sino, además, de su propio vecindario, de ese Bowery decadente y peligroso que con el paso de los años cedería en su espíritu frente a los empeños gentrificadores de las élites municipales. Durante los tiempos más turbios del CBGB, Kristal se preocupó por que las bandas locales tuviesen un espacio donde tocar, pero también intercedió por ellas facilitando en ocasiones que estas alcanzasen el contrato discográfico que tanto anhelaban. El bar, además, ofrecía un refugio contracultural de gran valor para toda una generación de jóvenes descontentos en busca de nuevas emociones y respuestas vitales. Tal vez no fuese bonito, quizás su aroma no resultase embriagador, pero su esencia era el fidedigno reflejo de las inquietudes a través de las que se comenzaba a fraguar una serie de nuevas identidades sociales y culturales.

Nuevas décadas, nuevas modas

Durante los años ochenta el bar se abrió al hardcore gracias a bandas como Bad Brains, Agnostic Front, los primeros Beastie Boys o Sick of it All. Esta derivación un tanto más agresiva y directa del punk encontró en el local su principal centro de operaciones y llegaron a organizarse sesiones matinales que resultaban más salvajes todavía que las habituales funciones nocturnas. En ocasiones, la esencia más violenta de esta nueva ola de músicos se trasladaba fuera del escenario mediante altercados que pudieron ensombrecer ligeramente la fama del lugar. Poco a poco, en consecuencia, se dejó de programar hardcore punk de forma mayoritaria.

En directo

Y todo esto crecía como la espuma. Tanto que Hilly Kristal expandió el negocio abriendo en el local contiguo la CBGB Record Canteen, una tienda de música y cafetería que se mantuvo operativa hasta finales de los ochenta. Entonces cedió su puesto al CB’s 313 Gallery, un nuevo reto como galería de arte y local de espectáculos de condición un tanto más discreta que la de su hermano mayor. Aquí, por ejemplo, Guns N’ Roses ofrecieron una actuación acústica. Mientras el concepto evolucionaba, el Bowery avanzaba en su proceso de brotar desde lo marginal y una nueva escena musical, la de los años noventa, daba sus primeros pasos con grupos como Green Day o Korn que, por supuesto, no pudieron evitar ser absorbidos por la fuerza centrípeta del lugar.

A partir de aquí esta historia puede volverse un tanto monótona. Pase a los estilos, el CBGB manutuvo siempre su esencia punk y su carácter de pozo del underground. Sus muros continuaron siendo un museo mutante de pegatinas, carteles o pintadas mientras la porquería campaba a sus anchas. Pero su legado ya era evidente y pocos osarían cuestionarlo más allá de percepciones subjetivas. Los años pasaban, la cara del vecindario lavó todos sus poros y un sinfín de grupos que más tarde llenarían pabellones comenzaron a gatear aquí. Pero como ocurre habitualmente, todo relato alcanzar su fin y el de este llega durante los primeros años del nuevo milenio.

CBGB interior

El último concierto del CBGB

Hilly Kristal había abonado el alquiler del CBGB de manera intermitentemente concienzuda desde 1973. Sin embargo, en 2006 el propietario del local (el Bowery Residents Committee) lo denuncia por numerosos impagos que suman noventa mil dólares. La razón, parece ser, se debe a un aumento de la renta que nunca fue notificado al arrendatario y que se convierte en la principal motivación para que ambos contendientes recurran a los tribunales. Finalmente, el juez dictamina que al no haberse comunicado la deuda, esta no tenía validez. Durante la vista, además, se señala el compromiso histórico y cultural que la ciudad de Nueva York tiene con el bar. El problema parece quedar resuelto. Sin embargo, el contrato de alquiler del CBGB estaba pendiente de renovación y se inició un denso proceso de negociación sobre una nueva cuota mensual que no alcanzó ningún puerto. La decisión final fue contundente: Hilly Kristal entregaría las llaves del local en un plazo más o menos inminente.

CBGB en color

Pero la historia del CBGB no podía terminar de manera tan prosaica; con una fría clausura, con un mero bajar de persiana. Durante los siguientes meses, una abundancia de entidades culturales, particulares y grupos de música elevaron infructuosamente su voz con el objetivo de revertir una sentencia que ya era inapelable. Y así, el punto final de esta historia quedó sellado el 15 de octubre de 2006 mediante un acto de puro auto-homenaje, con un último concierto ofrecido por Patti Smith que, a su vez, servirá también como colofón a esta humilde remembranza de uno de los lugares más emblemáticos para la historia de la música y la cultura popular más marginal y contestataria.

Imagen CBGB exterior en color de Stig Nygaard.

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2 comentarios en «CBGB & OMFUG. HISTORIA DE UN GARITO PUNK»

  1. Quizá una de las mayores frustraciones en mi vida, es saber que nunca tendré la oportunidad de haber conocido (y olido) el CBGB en su forma original. Aunque eso si, a pesar de que ahora sea una tienda de ropa cara que supuestamente aaaalgo guarda del bar original, igual pretendo visitarla algún día, pero obviamente no es lo mismo.
    Para mí ese lugar es el equivalente a esos sitios arqueológicos que las religiones estudian para atribuir rasgos de santidad. Es que imagínate la cantidad de leyendas que pasaron por ahí, y con los niveles de intensidad que carga mi cuerpo, no me hubiera molestado en darle un beso al escenario que vio nacer a Debbie Harry y a mis queridísimos Ramones. Bueno, no por nada traté de inspirar la estética de mi blog en el CBGB… Algo así como las iglesias con los vitrales, pero yo con stickers y graffitis.

    Un saludo!

    • Hola, Fran. NY nunca fue la misma desde que cerró este lugar. Mis niveles de intensidad son un tanto inferiores, así que lo de besar el escenario lo hubiese dejado para ti 😉. Y aunque el CBGB ya no esté, algún día visitaremos esa tienda de ropa cara que conserva, creo, un cacho de la pared original y nos llevaremos un buen ladrillo de recuerdo.

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