¿QUÉ ES EL FILK? SOBRE BARDOS, ALIENS Y ERRORES TIPOGRÁFICOS

¿QUÉ ES EL FILK? SOBRE BARDOS, ALIENS Y ERRORES TIPOGRÁFICOS

Sobre los orígenes del término filk se han entonado diferentes baladas que tienen como factor común un providencial error tipográfico. Ya fuese tras el fondo de un ensayo sobre música y ciencia ficción que nunca llegó a publicarse o bajo la idea de un anónimo contribuyente presionando la tecla incorrecta al redactar un folleto, la existencia de este peculiar estilo se debe a que a alguien le salió mal la jugada cuando trató de escribir la palabra folk. Sin embargo, este fue un equívoco que encajó al detalle con el carácter de esta subcultura musical que había comenzado a gestarse poco tiempo atrás, en torno a convenciones y reuniones informales de aficionados a la ciencia ficción, el terror o la fantasía. Y así, algo que hasta el momento carecía de una denominación formal pudo ser identificado de manera explícita; había nacido la música filk.

¿Pero, qué es el filk?

La carrera atómica, los supuestos avistamientos de extraños objetos voladores, el incidente de Roswell, la publicación de El señor de los anillos o incluso el nacimiento de Godzilla fueron algunos factores que marcaron la eclosión de una nueva era para la ficción durante la década de los años centrales del siglo veinte. Los extraterrestres y los nuevos monstruos atómicos comenzaron a compartir cuota de pantalla con las historias de terror y fantasía que hasta la fecha ocupaban la imaginación de toda clase de aficionados a la evasión más inventiva.

Godzilla

Y al igual que sucede en nuestros días, durante la década de los cincuenta eran frecuentes las convenciones sobre ciencia ficción y fantasía. Piense en la ComiCon o llámele cómo quiera, lo cierto es que estos eventos congregaban en pabellones, hoteles u otros escenarios que se prestasen a ello a toda clase de seguidores de las leyendas artúricas o de cualquier atisbo de invasión que proviniese del espacio exterior. Ahí se daba cita mucha literatura, algo de cine y buenas cantidades de cómics. Sin embargo, también había una pizca de música de la mano de aficionados que, guitarra en mano, se animaban a emular los cantos de los bardos tan típicos de algunas novelas de corte fantasioso.

Partiendo de una clara base en el folclore tradicional, estos músicos no profesionales se reunían para improvisar e interpretar tonadas que rendían homenaje a obras de ficción y universos compartidos. En un principio, su presencia era más bien residual. Incluso molesta podría decirse. Poco a poco, estas convocatorias fueron ganando en concurrentes hasta que necesitaron espacios más amplios e incluso carteles que anunciasen su celebración. Fue entonces, durante el primer lustro de los cincuenta, cuando alguien escribió filk en lugar de folk y terminó por dotar de cierta entidad a todo esto.

Vale, ¿pero qué es el filk?

Más que un estilo en sí mismo, el filk es una tradición musical vinculada al imaginario propio de la ciencia ficción, el terror y la fantasía. Se trata de una excusa formal para crear canciones evasivas que naveguen en las aguas argumentales de multitud de mitos, leyendas y universos fabulosos. Su génesis hay que buscarla en reuniones de aficionados a este tipo de narraciones donde algunos asistentes se juntaban para elevar cantos grupales, al modo de los corros celtas o de las canciones marineras de antaño. Esta costumbre surge durante los años cincuenta del siglo XX y, poco a poco, gana pulso hasta lograr que muchas convenciones frikis cuenten con espacios reservados para el arte del filksinging.

Bardos filk

Pese a que el filk siempre mostró una sólida y reducida aura de nicho, es a partir de la década de los años setenta cuando podríamos comenzar a hablar de cierto despegue en su popularidad. Los juegos de rol, Star Trek, Dragones y mazmorras, el boom de los superhéroes y, más adelante, La guerra de las galaxias serían solo algunos de los hitos que reforzarán la adhesión de una mayor cantidad de público. Muchas de las grandes convenciones de ciencia ficción de los años setenta ya se planificaban contando con la posibilidad de que un puñado de tipos asistiese a ellas armado con guitarras y pequeños cajones a modo de rudimentarios instrumentos percutores. Poco a poco, algunos eventos reservan expresamente espacios para que estos bardos contemporáneos puedan reunirse a cantar sus historias sobre la gloria de Gondor, el monstruo de la calle Morgue o la mejor manera de recorrer la distancia entre Términus y Anacreonte. Incluso se celebrarían convenciones propias en como FilkCon, BayFilk, ConChord o FilkOntario. De esta manera, los años ochenta y noventa del siglo XX nos muestran una tradición filk capaz de exhibir un más que abultado músculo.

Un estilo principalmente para aficionados

Para comprender bien la naturaleza de este fenómeno, ha de quedar claro que el filk es un movimiento de fuerte carácter amateur. Aquí no importa tanto saber de música como atreverse a hacerla. Así, las letras predominan sobre la estructura formal. Una guitarra desafinada o el peor cantante del mundo nunca arruinarán una buena pieza si el contenido lírico está bien cocinado. Las ya mencionadas aventuras espaciales, mitológicas, fantásticas o legendarias son la base de la creación filk. Sin embargo, a nadie se le pondrán trabas cuando pretenda hablar sobre otros asuntos, serios o no, absurdos o transcendentes, como la vida de los gatos o el arte de desatascar una cañería. Las parodias sobre otros géneros musicales (y aún el propio) serán igualmente bien recibidas.

Filksinging

Si nos ceñimos al contexto puramente musical, el filk bebe de lo folclórico, aunque puede derivar hacia algún tipo de rock suave u otros estilos parejos. En él predominan los instrumentos puramente acústicos y, de entre todos ellos, es la guitarra el más corriente. Esto no quiere decir que no quepan otras sonoridades, faltaría más; todos sabemos que nada mejor que los sintetizadores o el theremín para acompañar a una buena égloga sideral. Década tras década, este peculiar estilo musical ha sufrido una ligera profesionalización y de él han surgido algunos grupos que trascienden, en cierto grado, su carácter predominantemente diletante. En este sentido podemos citar nombres como Heather Dale, Julia Ecklar, S.J. Tucker, Tom Smith, Kathy Mar o Talis Kimberly. Todos ellos cuentan con algún registro discográfico en su poder y su música, aunque no muy popular, es fácil de encontrar en algunas selectas bodegas de internet.

Pero estos casos no dejan de ser extrañas flores en un desierto que, como ya hemos dicho, se extiende a través de hectáreas de músicos aficionados que solo buscan cantar a su episodio favorito de Expediente X, por decir algo. El ecosistema natural del flicker es la reunión social, ya se produzca en una convención de cómics, en un bar, en la sala de eventos de un hotel o en un polideportivo de pueblo. Ahí, los asistentes suelen rendirse a interminables sesiones de música compartida que pueden prolongarse más allá de los límites del sustento vital. En ellas no suele marcarse una distancia muy grande entre el público y el artista; uno puede actuar como mero espectador, pero también tiene el poder de arrancarse con una tonadilla improvisada sobre Babylon 5 o Los inmortales si así lo desea. Y aun así, existen reglas.

De círculos, caos y jam sessions

Las reuniones filk suelen tomar la forma de círculos que evocan a los clásicos encuentros bárdicos. Los asistentes se colocan como si en torno a una hoguera se hallasen y cantan por turnos, respetando la palabra de cada uno y dando forma a una amena atmósfera de fraternidad. Pero esto solo es un modo de hacerlo, ya que uno puede toparse con otra modalidad llamada Chaos en la que los integrantes pueden tomar la palabra en el momento que lo deseen, interrumpiendo, acompañándose o pisándose entre sí hasta construir un trasunto de jam session que siempre resultará más enérgica e imprevisible que lo que sucede alrededor de un círculo canónico.

Círculo filk

Al principio de los tiempos no es que fuese necesario hacerlo, pero cuando se daba la ocasión, el filk se transmitía oralmente en un alarde de coherencia con sus propios principios. Más tarde fueron las cintas de casete el principal mecanismo de difusión. Y así fueron pasando los años hasta llegar al momento actual, donde este estilo ya se encuentra presente en las principales plataformas de difusión digital, existen publicaciones especializadas sobre la materia y no resulta complicado hacerse con recopilatorios o discos de sus portavoces más reputados.

A día de hoy, sin embargo, el filk continúa siendo un subgénero complementario que se mueve en un terreno a medio camino entre la música y la atracción más o menos desmedida por determinadas formas de cultura popular. Y quién sabe, quizás lo mejor es que siga siendo así; que sus cantos y sus rituales sean solo patrimonio de aquellos dispuestos a entonarlos entre fantasmas, héroes, extraterrestres, monstruos y contrabandistas.


Imagen de portada de Michaela Pereckas (recortada y editada)

Todas las imágenes de músicos en el cuerpo del artículo son de John E. Manard.

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