ALTAMONT Y EL FIN DE LA ERA HIPPIE

ALTAMONT Y EL FIN DE LA ERA HIPPIE

Al final, la cruzada de la paz y el amor terminó a navajazos. Tal vez no de manera textual, desde luego. Los cambios históricos suelen cocinarse a fuego lento y este no fue una excepción. Sin embargo, sí que hubo alguna puñalada que contribuyó a llevarse por delante una década de sentimientos antibelicistas, emancipación, comunidad y libertad. Pero en el fondo fueron muchos los factores que determinaron el cambio: guerras, asesinatos, tragedias y el agotamiento natural de una ideología que tal vez se ahogó en su propia bondad. Hablamos del fin de la era hippie.

Breve historia de un movimiento

Todo esto había surgido a la sombra del ideario beat, bajo el amparo de intelectuales como Allen Ginsberg, William S. Burroughs o Jack Kerouak. La base estaba clara: una oposición frontal y explícita frente a toda clase de convencionalismo propio de la moralizada y conservadora sociedad estadounidense de la década de los sesenta del siglo XX. Realmente, el movimiento hippie fue parte de un contexto más amplio de metamorfosis sociocultural donde diferentes propuestas como aquellas de índole feminista, ecologista o de igualdad racial compartían terreno de juego. Lo que ocurre es que, con su aspiración universalizante, los hippies hicieron suyas todas estas reivindicaciones sociales creando así algo realmente amplio y diverso. En general, fueron años de revolución sexual, de amor libre, de libertad, de pacifismo, de comunitarismo, de autogestión y de viajes lisérgicos.

Hippie

En el plano musical, los hippies sintieron predilección por estilos como el folk o la psicodelia. Sin embargo, muchas de las formas de rock y blues del momento encontraron una fuerte base de seguidores entre estos jóvenes melenudos que tanto desconcertaban a los sectores más carcundas de por aquel entonces. El famoso Verano del Amor del 67 o Woodstock con sus tres días de paz y barro son solo un par de ejemplos de la importancia que tuvo la música dentro de este movimiento.

Por supuesto, los hippies resultaban especialmente irritantes para el establishment yanqui. Tal vez fuese porque su presencia era absoluta. Estaban por todas partes y, además, su carácter nómada o el asentamiento de comunas autogestionadas hacían más evidente su existencia y su rechazo al modelo capitalista, a las políticas del gobierno y a la familia tradicional estadounidense. Luego estaba el tema de la guerra de Vietnam, que llevaba activa desde 1955 y no tenía trazas de alcanzar un final feliz. En este sentido, el fuerte talante pacifista de la ideología también la convirtió en algo realmente molesto para las élites del país.

Vietman

El comienzo del fin de la era hippie

Y desde muy temprano trataron de acabar con ellos. Los medios más conservadores propagaron la imagen del joven melenudo drogado, sucio, libertino y comunista con el que ninguna señora de bien querría compartir techo. Pero la revolución era todavía muy joven y no sería fácil derribarla desde fuera. Sin embargo, el fin de la era hippie terminó llegando cuando determinados acontecimientos aceleraron un sentimiento de decepción generalizada que minó, poco a poco y desde el interior, todos los pilares maestros del castillo de la paz y el amor. 

Como decíamos, unos pocos hechos que tuvieron lugar a finales de la década de los sesenta ejercieron un poderoso contraste con el idealismo pacifista que abrazaba gran parte de la juventud estadounidense. Por un lado, la guerra en Vietman regalaba momentos terribles como la matanza de Mỹ Lai. Un acontecimiento brutal del que no hay cifras oficiales, pero en el que se baraja una generosa horquilla de entre trescientas y quinientas bajas de población civil. En 1968, además, Martin Luther King y Robert F. Kennedy eran tiroteados. Los movimientos sociales internos sufrían así un serio revés que solo conducía al progresivo desengaño de una sociedad que comenzaba a perder la fe en algunos de sus sueños más utópicos.

Un año después, varios seguidores de Charles Manson asesinaron a la actriz Sharon Tate junto a cuatro personas más. Al día siguiente hacían lo mismo con el matrimonio LaBianca. Este hecho fue considerado como uno de los que aceleraron el fin de la era hippie ya que los miembros de la denominada Familia Manson fueron vistos por determinadas capas de la sociedad como seguidores de este movimiento. Nada más lejos de la realidad, por supuesto, ya que si bien los homicidas vivían en comunas y vestían como hippies, su actitud violenta y su profunda paranoia racial los ubicaban en las antípodas de las doctrinas de la paz y el amor. Sea como sea, estos crímenes sirvieron para alimentar con saña la imagen del violento enemigo de la gente de bien que se escondía bajo la piel de cada joven amante de las flores y el LSD.

Charles Manson

Pese a que la frustración resultaba cada vez más palpable como consecuencia de la realidad social, los hippies pudieron reencontrarse con su propio estado de gracia mediante episodios como Woodstock, uno de los mayores eventos musicales de la cultura popular en las últimas décadas. Este festival avivó las alas de la esperanza en un futuro mejor y, al mismo tiempo, alentó la proliferación de otros acontecimientos que se miraban en el espejo de lo sucedido en la granja de Max Yasgur. Uno de ellos fue Altamont.

Montemos un festival

The Rolling Stones pensaron que organizar un macro festival podía ser la mejor manera de terminar su gira estadounidense por todo lo alto. Los ecos de Woodstock resonaban cercanos y el momento parecía pedir nuevas y multitudinarias orgías musicales. El día escogido fue el seis de diciembre de 1969. El lugar, California. El emplazamiento que la banda británica seleccionó para su despedida del continente fue el parque Golden State de San Francisco. Sin embargo, las autoridades de la ciudad denegaron todos los permisos al considerar que la organización del evento no iba a estar a la altura de lo que un festival de tales características demandaba. El primer revés ya estaba servido, pero eso no desalentó a Mick Jagger y compañía, que en espera de poder contar con una ubicación definitiva para su gran fiesta, fueron configurando el cartel definitivo.

El fin de la era hippie. Altamont

Así, pronto se anunció un gran concierto gratuito en el que actuarían Grateful Dead, Santana, Jefferson Airplane, CSN&Y, Flying Burrito Brothers y, por supuesto, The Rolling Stones. El problema era que todavía no se sabía dónde iba a plantarse el escenario y varios miles de jóvenes ya habían comenzado a llegar a los alrededores de San Francisco atraídos por tan sugerente convocatoria. Caravanas de automóviles y hippies errantes comenzaron a tomar la zona en espera de confirmar una ubicación final que solo fue revelada dos días antes: la pista de carreras automovilísticas de Altamont, en la pequeña localidad de Tracy. Con tan poco tiempo para los preparativos, el desastre logístico resultó más que patente y se desatendieron aspectos tan esenciales como los puestos de comida, los servicios públicos, un parking en condiciones o una asistencia médica profesional. En lo que sí se puso cierto énfasis fue en la seguridad, que recayó en el club de moteros Hells Angels (los Ángeles del Infierno) tras un proceso selectivo que, a posteriori, se reveló como de poco criterio.

El desastre de Altamont

Y así llegó el día del concierto, la jornada que para muchos marcaría el inicio del fin de la era hippie. Cerca de trescientos mil jóvenes habían logrado llegar hasta Altamont y el caos organizativo no tardó en resultar evidente. Frente a las primeras filas, el precario escenario solo levantaba un metro sobre el nivel del suelo. Delante de él, y repartidos por todos los rincones del lugar, Ángeles del Infierno bebidos trataban de ejercer como barrera física frente a los envites de la multitud. Una hilera de motos aparcadas separaba a la muchedumbre del escenario y, frente a esta, los miembros de seguridad se mostraban amenazantes (con sus cadenas y sus tacos de billar como armas visibles), frente a los extasiados espectadores más próximos.

Altamont. Hells Angels

Los altercados no tardaron en desatarse. Alguien empuja a alguien, otro vuelca una moto, este mira a aquel. Los Ángeles del Infierno eran una organización de naturaleza violenta y lo de repartir leña estaba implícito en su ADN. El primer hecho significativo tuvo lugar durante el concierto de Jefferson Airplane, cuando el cantante Marty Balin fue noquedao mientras trataba de detener una trifulca. Este episodio se dio a conocer entre los músicos y Grateful Dead decidieron suspender su recital. Mientras tanto, los pequeños disturbios se sucedían por varios rincones del velódromo y el resto de actuaciones tuvieron lugar en medio de un ambiente más o menos tenso, más o menos agresivo. Al caer la noche, The Rolling Stones saltaron sobre el tablado para dar cierre a todo esto.

Meredith Hunter tan solo tenía dieciocho años cuando trató de subir al escenario y fue rechazado violentamente por un ángel del infierno. Al rato, este volvió a intentar la hazaña, solo que en esta ocasión portaba un revólver. Alan Passaro, miembro del cuerpo de seguridad, pudo detenerlo antes de que se encaramase sobre las tablas y, ya de paso, le propinó un par de puñaladas que lo dejaron tendido en el suelo mientras otros tantos moteros se agolpaban a su alrededor para finalizar la faena. The Rolling Stones no habían terminado de interpretar Under my thumb cuando Meredith Hunter dejó de respirar. Estos, sin embargo, continuaron actuando durante un rato, ajenos a la tragedia.

Altamont. Fin de la era hippie. Altercados

Consecuencias y eco mediático ¿Es el fin de la era hippie?

Finalmente, Altamont Freeway Free Festival se saldó con infinidad de heridos y cuatro muertos, tres de ellos debido a accidentes. La falta de previsión respecto a las medidas básicas de intendencia y la actitud violenta de los Ángeles del Infierno fueron el detonante que hizo que este evento se considerase el anti-Woodstock y, en consecuencia, el episodio que dejaba al descubierto el lado más oscuro de una época mientras evidenciaba el declive de la misma. Definitivamente, los Ángeles del Infierno no fueron una buena elección como encargados de la seguridad de un evento hippie. Su conducta contestataria y asocial pudo confundir a muchos, pero la realidad era que, pese a contar con un enemigo común, su naturaleza era radicalmente opuesta a la de todos esos jóvenes de aspiraciones pacifistas que, sin embargo, ya comenzaban a demostrar ciertas señales de agotamiento ideológico.

Las noticias sobre la tragedia de Altamont corrieron como la pólvora. La revista Rolling Stone dedicó la portada de enero de 1970 al festival bajo el titular “The Rolling Stones disaster at Altamont: Let it bleed”. Por supuesto, este episodio no resultó realmente determinante a la hora de sentenciar el fin de la era hippie; para ello fue necesaria una buena suma de factores de carácter económico, político y social. Sin embargo, el asesinato de Meredith Hunter y todos los hechos de ese día de diciembre se tienen como un momento bisagra en toda esta historia y no son pocos los que, aún a día de hoy, los consideran clave para determinar el comienzo del ocaso de una de los movimientos juveniles más utópicos y bienintencionados de las últimas décadas.

Altamont. Fin de la era hippie

Para la opinión pública más conservadora, 1968 y 1969 estuvieron salpicados por espectáculos obscenos (Woodstock), hippies asesinos (la Familia Manson) y festivales manchados de sangre (Altamont). En la actualidad es difícil determinar si los acontecimientos de este último fueron causa o consecuencia del inicio del fin de la era hippie, pero lo que sí es seguro es que a partir de entonces las cosas fueron desmoronándose en cadena.

Lo que sucedió después

En 1970 no solamente mueren Jimi Hendrix y Janis Joplin. Además, The Beatles se separan. Charles Manson graba su disco Lie: the love and terror cult desde la prisión y acrecienta así su carácter de mito. Los excesos con las drogas, el desencanto político y una galopante desilusión ideológica hacen estragos en el orden hippie. Al mismo tiempo, las comunas comienzan a dejar de ser espacios de idílica y libre convivencia cuando la naturaleza humana se revela en forma de celos, desidias y envidias; por no hablar de que estos lugares cada vez resultaban más complejos de mantener sin aportaciones económicas estables.

En 1973 la guerra de Vietman llega a su fin y comienza el drama de los veteranos; la desatención, los traumas y el desengaño. Una nueva década, poco a poco, comienza a enterrar la realidad de su predecesora bajo una música más oscura, comprometida y compleja, así como tras la densa capa de una mentalidad que cada vez resulta más cínica e hija de la decepción.

El fin de la era hippie no sucedió a navajazos, pero estos ayudaron.

Altamont. Cartel

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