LO DE LOS MÓVILES EN LOS CONCIERTOS

LO DE LOS MÓVILES EN LOS CONCIERTOS

Debe de haber algo en la naturaleza humana que nos empuja a acumular y conservar pequeños trocitos de nuestras vivencias. Solo de esta manera se explicaría lo de transformar la puerta de la nevera en todo un atlas geográfico hecho a base de imanes. Así también sería fácil asimilar que todavía guardes esa piedra tan lisa y perfecta que encontraste junto al río o que, sin ir más lejos, el tercer cajón de tu escritorio esconda una cajita donde viven todas las entradas de los conciertos a los que has asistido desde 1993. Y no hay nada malo en todo esto, faltaría más, cada uno es libre de ocupar su espacio como le venga en gana. Los recuerdos son algo constitutivo al ser humano y contra eso poco puede hacerse. Sin embargo, el método mediante el que obtenemos esos souvenirs vitales puede rozar o sobrepasar en ocasiones los límites de lo sensato y de lo cortés, especialmente cuando nos encontramos frente a un escenario. Hablemos sobre los móviles en los conciertos.

Antes de comenzar a verter veneno quisiera aclarar, para evitar malentendidos, que no soy ningún edadepiedrista ni ningún ludita; mi vida transcurre plácida entre pantallas y nada o poco tengo en contra de la intromisión de estos elementos en el cotidiano devenir de las cosas. Es más, soy el primero al que le gusta traer un recuerdo cada vez que va a un concierto: un par de fotos, tal vez un breve vídeo. Pienso que la tecnología está para ser utilizada, y más si cabe en un bolsillo. No obstante, que dispongamos permanentemente de semejantes avances técnicos no debería ser excusa para que su sobreúso empañe cualquier acontecimiento que suceda a nuestro alrededor, o interfiera la experiencia de otros.

Lo de los móviles en los conciertos. ¿Por qué?

Me gusta ir a conciertos de toda clase de aforo. Aunque confieso que disfruto más en los pequeños y medianos, esos que tienen lugar en salas con reducida capacidad de acogida. Suelen ser eventos menos multitudinarios (obvio) y la proximidad con los artistas es más directa, más palpable. Además, dadas sus características, se les presupondría una audiencia con un mayor nivel de respeto hacia los músicos y el resto de asistentes. Sin embargo, la realidad es que estos matices poco importan; al final, las brillantes pantallas bailarán sin remedio a tu alrededor independientemente del tamaño del sitio, el estilo del grupo, la edad del público o la calidad del espectáculo en el que te encuentres.

Móviles en los conciertos

Pero, ¿a qué responde esta necesidad de registrar absolutamente todo lo que sucede sobre un escenario? ¿Qué hace luego la gente con tantas horas de metraje y semejante cantidad de fotos movidas? ¿Acaso las reviven a diario mientras atesoran auténticas colecciones fonográficas similares en volumen a las de la BBC? Reconozco que nunca lo he entendido porque, a ojos vistas, lo que ocurre es que mientras grabas el concierto, no disfrutas del concierto. Ver un espectáculo en directo, in situ, a través de una pequeña pantalla parece un sinsentido de cajón. Pero la realidad es que, en muchos casos, quien graba ni siquiera parece disfrutar del evento por el que ha pagado una entrada, ya que está más pendiente de registrarlo que de vivir el momento y absorber cada uno de los cientos de pequeños detalles que componen una buena actuación. Y así se produce una curiosa paradoja: la de guardar el recuerdo de un momento que ni siquiera has disfrutado ya que tu voluntad de registrarlo ha anulado cualquier otra experiencia.

Por supuesto, en este tipo de saraos siempre puede haber fotógrafos profesionales o aficionados; incluso espectadores con buenos canales en YouTube que acudan al espectáculo con la intención de alimentar la oferta de su cuenta virtual. Sin embargo, este tipo de perfiles suelen tener consideración por la integridad óptica de los asistentes y su actividad se desarrolla de manera sensata y más o menos discreta. Con ellos no va esta monserga.

De likes, followers y fenómenos virales

Al hablar del abuso de los móviles en los conciertos no podemos pasar por alto el papel de las redes sociales. Un buen espectáculo nunca debería ser la razón que estropease el reel perfecto. Por eso, no es raro que estos eventos se presenten para muchos como un mero instrumento de éxito en el mundo virtual y, así, la relevancia de muchos conciertos y festivales podría medirse por su capacidad para generar likes o potenciales nuevos seguidores. Hoy en día es sencillo imaginar a una amplia troupe de espectadores planificando al dedillo cada publicación en redes de cara a una actuación: soñando con un tonel lleno de comentarios favorables o pendientes del incesante martilleo de las notificaciones que los elevarán al Valhalla de aquellos que influencian. Eso por no hablar de la eterna pregunta: ¿qué es más importante?, ¿mostrar que has estado o haber estado? Al final, en todo caso, regresamos al mismo punto, al hecho de que lo único que recordarás de la actuación será haberla grabado.

Móviles en los conciertos

Pero el problema de los móviles va más allá de todo esto y a veces se convierte en síntoma de otros aspectos más amplios. Es de sobras conocido que nuestra capacidad de atención ha mermado hasta el punto de que muchos somos incapaces de mantener el foco de manera exclusiva durante poco más de unos escasos segundos. De esta manera, la necesidad imperiosa de echar mano al bolsillo y sacar el móvil en los conciertos podría simplemente responder a que nos resulta imposible centrarnos durante mucho tiempo en la tarea de vivir el momento. Esta teoría de la inmediatez y la distracción también aclararía por qué son tantos los que no solo se dedican a grabar o fotografiar constantemente si no que, además, tienden a chatear y compartir las imágenes y los vídeos durante la misma actuación, sin ni siquiera esperar a que los músicos se retiren al camerino. Todo un ejercicio de consideración y de respeto hacia el artista.

Tu móvil me molesta

¿Y quién soy yo para juzgar cómo disfruta cada uno de un evento?, podría pensar ahora algún aludido. Pues nadie, por supuesto. En lo que a mí respecta, puedes ir a ver a tu grupo favorito disfrazado de pitufo; o dar la espalda al escenario mientras suenan las canciones que menos te gustan. En serio, me da absolutamente lo mismo. El problema es que determinadas acciones como el abuso de los móviles en los conciertos resultan tan molestas para el resto de asistentes como irrespetuosas con los músicos. Nadie debería verse obligado a seguir un directo a través de la pantalla del teléfono de otros asistentes. Una cosa es tomar una imagen o grabar un breve vídeo tratando de no interferir demasiado el campo visual de los demás, pero cuando alguien planta su teléfono en tu cara durante buena parte del concierto está descomponiendo directamente tu experiencia como espectador.

Móviles en los conciertos

La solución, imaginas, pasaría por retirar la mirada o cambiar de sitio en la medida de lo posible. Sin embargo, la marea de pantallas fulgurantes puede ser tan densa como para imposibilitar absolutamente cualquier maniobra evasiva. Y ahí estás, con tu entrada pagada y tu posición bien ganada entre el público, deslumbrado por una miasma luminiscente y cegadora que te obliga a contorsionar el cuello en busca de los escasos espacios de vacío que comuniquen tu mirada directamente con el escenario. Un valor añadido de lo más pintoresco, esto de los móviles en los conciertos.

¿Qué opinan los músicos?

Desde el otro lado del muro, muchos músicos ya se han mostrado públicamente descontentos con esta costumbre. Podemos citar nombres como Madonna, Jack White, U2, Bruno Mars, Robe o Alicia Keys. Aquí, podría pensarse, entran en juego factores como los derechos de imagen o de autor. Pero una colección de fotos desenfocadas y vídeos de mala calidad tomados desde ingratas perspectivas no parece ser digna rival de grabaciones e imágenes realizadas por profesionales acreditados.

Sea como sea, algunos artistas como Bob Dylan han tomado la decisión de inhabilitar los móviles de los asistentes a sus conciertos mediante precintos que mantienen las manos bien alejadas de toda pantalla táctil. Otras como Adele han reprendido en directo a sectores de su público empeñados en registrar cada nanosegundo de la actuación. “Deja de grabar, esto es un concierto de verdad”, reclamaba la inglesa en una actuación más o menos reciente. Durante uno de los conciertos que Coldplay dieron durante 2023 en Barcelona, Chris Martin ofreció al público tocar por segunda vez consecutiva una de las canciones del repertorio con la condición de que nadie utilizase el móvil y, de esta manera, todo el mundo pudiese disfrutarla plenamente. Lo paradójico de estos dos últimos ejemplos es que cualquiera puede verlos en YouTube porque, por supuesto, fueron convenientemente grabados por unos cuantos teléfonos.

Concierto con pantallas

¿Qué hacemos con los móviles en los conciertos?

Alcanzado este punto cabe preguntarse si esto es realmente un problema o simplemente se trata del devenir de los tiempos, de algo puramente instintivo y natural. Sea cual sea la respuesta, la realidad nos devuelve una escena donde el uso de móviles en conciertos puede antojarse excesivo, pero sobre todo molesto y desconsiderado.

Aquí el debate podría centrarse en lo conveniente de vetar o limitar la presencia de teléfonos durante las actuaciones en directo. Aquellos artistas que optan por precintar estos aparatos han logrado, evidentemente, su cometido mientras generaban el siguiente dilema: concierto sin móvil o móvil sin concierto. Pero desde una perspectiva más amplia y bienintencionada, la solución siempre se escoraría mayoritariamente hacia la educación que hacia la prohibición. Y es por eso que desde este imperceptible rincón de la blogosfera vamos a elevar un llamado al sentido común.

Usa el móvil si quieres; haz alguna foto, graba un cachito de actuación. Pero piensa que estás viviendo un momento único e irrepetible. Absórbelo y guárdalo en tu memoria; quédate con la sensación de haberlo disfrutado, de haber estado ahí, porque cualquier vídeo que puedas ver mañana en tu sofá no va parecerse en nada a la emoción real de haber respirado ese instante mientras sucedía. Pero, por encima de todo, deja ya de joder con el puto móvil.

Mar de pantallas

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