LOS CHIVOS EXPIATORIOS DEL ROCK

LOS CHIVOS EXPIATORIOS DEL ROCK

Tal vez esto no sea más que una tontería sin fundamento, pero uno podría pensar que ya en nuestros primeros momentos de vida aprendemos a depurar responsabilidades echándoles la culpa a otros. Se trata, supongo, de un acto más o menos instintivo de supervivencia aderezado con procesos de aprendizaje a base de observación, adaptación al entorno y esa mala baba congénita que tanto nos caracteriza. Todo comienza de la forma más limítrofe posible; dejando que tu hermano pequeño, por ejemplo, acarree con el peso de haber estrellado un jarrón contra el suelo. Un acto relativamente insignificante que puede quedar ahí o escalar progresivamente hasta quedar bien enraizado en los usos y costumbres de una civilización. Porque la sociedad, en ocasiones, también necesita buscar un culpable al que traspasar la autoría de toda clase de males; alguien  que asuma el papel de reo desde su posición de político, delincuente de poca monta o representante de algún sector cultural. Hablemos, pues, de los chivos expiatorios del rock.

Mensajes subliminales

El 23 de diciembre de 1985, Ray Belknap y James Vance deciden suicidarse. Nos encontramos en Reno, Nevada, y los dos jóvenes tienen 18 y 20 años de edad respectivamente. El primero de ellos logra su cometido. Sin embargo, James trata de esquivar instintivamente el proyectil de la escopeta que él mismo había apoyado contra su barbilla y sobrevive al disparo. Su rostro, eso sí, queda notablemente desfigurado y ha de ser reconstruido mediante una cirugía que le regala una nueva apariencia más bien grotesca. Con el paso de los años, su vivencia inspiraría la creación del personaje Arseface en el cómic Preacher.

Ray Belknap y James Vance

Tras el impacto generado, llegó el momento de tratar de comprender las razones de la tragedia. Que dos chavales en la flor de su juventud decidan abandonar el plano de lo terrenal de forma tan repentina tiene que tener detrás algún tipo de historia que implique factores sociales, educacionales o familiares. Sin embargo, Ray y James habían pasado buena parte de la noche de autos en medio de una nube de alcohol, drogas y heavy metal. Los apenados progenitores de ambos adolescentes hallaron aquí un sugerente hilo del que tirar y, poco tiempo después, la banda británica Judas Priest se sentaba en el banquillo de los acusados.

La razón de todo esto fue la canción Better by you, better tan me, incluida en el disco de 1978 Stained class. Ray y James, por supuesto, eran seguidores del grupo y de este tema del que se rumoreaba que contenía llamadas subliminales que, bajo el mandato “do it”, inducían claramente al suicidio. Los miembros de Judas Priest no negaron el fondo del asunto; simplemente como parte de un juego experimental habían apostado por la inclusión de este tipo de mensajes en el disco. Sin embargo, en ningún caso admitieron haberlo hecho con intenciones ominosas. “¿Por qué querríamos matar a nuestros fans? Ellos compran los discos”, alegó Rob Halford ante el juez. Finalmente, el grupo quedó absuelto al no poder sellarse ningún indicio sólido de su culpabilidad.

Judas Priest. Chivos expiatorios del rock

Judas Priest fueron expuestos ante la sociedad estadounidense dando forma a uno de los casos más sonados de chivos expiatorios del rock. En lugar de profundizar en las auténticas razones que desembocaron en este dantesco episodio, la opinión pública pareció sentirse a gusto con la acusación directa a un conjunto de músicos que, con sus pintas y su actitud fuera de lo confortable, representaban a la perfección todo lo que buena parte de la sociedad temía. Aquí se redujo todo a la supuesta responsabilidad del artista como referente cultural obviando que estos casos se asientan sobre muchos estratos de profundidad, que esta clase de problemas deberían afrontarse desde un entorno directo que afecta a las familias, a la educación o a los miedos personales.

Todo esto, por supuesto, no era nuevo. Desde tiempos suficientemente pretéritos, toda clase de expresión artística o cultural mínimamente rupturista ha sido vista con recelo por los sectores más moralizantes de la ciudadanía. Muchos pintores, escritores, escultores, cómicos, directores de cine o músicos han sido puestos bajo el foco de la atención pública cuando el contexto lo requería. Independientemente de que se tratase de un cambio de paradigma artístico, de un libro de ficción que hablase sobre un tema controvertido en primera persona o de las bamboleantes caderas de Elvis.

Judas Priest, periódico juicio

La solución suicida y los chivos expiatorios del rock

Michael Waller era hijo de un reverendo de Georgia. No sabemos a ciencia cierta si la actitud de este último hacia la educación de su hijo podía considerarse como moralmente atenazadora, pero no lo sería tanto como para impedir que Michael fuese todo un fanático del rock duro y el heavy metal. El 3 de mayo de 1986, el joven de 16 años acude a una fiesta con amigos y, por las razones que sean, termina redactando públicamente una carta de suicidio instantes antes de pegarse un tiro fatal.

Este nuevo episodio de los chivos expiatorios del rock tiene como protagonista a Ozzy Osbourne y a su canción Suicide solution, principal candidata a explicar el porqué de la última acción de Michael. La dinámica aquí fue la misma, en lugar de ahondar tras las verdaderas razones del suicidio, se prefirió buscar un cabeza de turco que encajase en el perfil. Lo reciente del caso de Ray Belknap y James Vance jugó a favor de una opinión pública ávida por darse al fin un festín con la carne de un culpable. Estos años, además, fueron los del apogeo mediático del comité de corrección moral encabezado por Tipper Gore.  Sin embargo, una vez más no pudo demostrarse la culpabilidad ni la responsabilidad del músico.

PMRC. Chivos expiatorios del rock

El caso de Suicide solution resulta peculiar ya que, además de en este episodio, la canción fue utilizada en otras dos causas similares; las de las muertes de John McCollum en 1984 y de Harold Hamilton en 1988, ambas por sus propias y respectivas manos.

Aquí, la imagen del terrible enemigo de la juventud y la moral volvía a ser la misma. Del mismo modo, se recurrió otra vez a patrones de pensamiento que ponen en manos de movimientos contraculturales la salud mental y moral de los jóvenes. La canción Suicide solution puede resultar controvertida al igual que muchas otras obras de ficción. Pero no conviene olvidar que hablamos precisamente de eso, de ficción, de una forma de escapismo que no es más que un divertimento, tal vez macabro, que permite al espectador experimentar desde la imaginación lo que nunca haría en la realidad. Todo esto sin tener en cuenta que Bob Daisley, coautor del tema, se vio forzado a clarificar en varias ocasiones que la canción trataba sobre el alcoholismo y que la palabra “solution” era aquí utilizada como disolución, no como resolución.

Ozzy. Suicide solution

De satanismo, actos macabros y malas influencias

El cuerpo sin vida de Elyse Marie Pahler fue encontrado en medio de un eucaliptal en Arroyo Grande, California, en marzo de 1996. Ocho meses antes, Joseph Fiorella, Jacob Delashmutt y Royce Casey habían logrado sacarla de casa con la intención previa de asesinarla. La chica de quince años de edad fue estrangulada, apuñalada y, se dice, abusada sexualmente tanto antes como después de la muerte. Este horrendo episodio con claros tintes de violación pronto fue revestido de un cariz de satanismo, como si todo hubiese sido parte de una especie de ritual demoníaco. Cierto es que determinadas declaraciones de los acusados podían trazar una línea en esa dirección, pero la motivación sádico-sexual fue el principal motor que barajaron las fuerzas de la ley.

Los padres de Elyse Marie, sin embargo, no parecieron quedar satisfechos con esta conjetura y terminaron por demandar a la banda de thrash metal Slayer por inducir mediante sus canciones a “acechar, violar, torturar, asesinar y cometer actos de necrofilia”. En el año 2000, un juez dictaminó que no había forma alguna de resolver que Slayer fuesen culpables del crimen ya que, al igual que se había recurrido a ellos como otro de los chivos expiatorios del rock, cualquier libro u obra de ficción de carácter diabólico podría haber servido para el mismo fin. La inmediata respuesta de los Pahler fue dar comienzo a una segunda demanda con la que se empecinaban en su alegato; la música de Slayer era pretendidamente malvada. En este caso, el juez llegó a la conclusión de que los discos del grupo no eran ni obscenos, ni indecentes, ni perjudiciales para nadie.

Chivos expiatorios del rock. Caso Pahler

Años después, uno de los acusados, Jacob Delashmutt, llegó a afirmar en una entrevista a The New York Times que Elyse Marie había sido asesinada porque “Joe Fiorella estaba obsesionado con ella. Y obsesionado con matarla”.   

Inadaptados, marginados, jóvenes que no encajan y con acceso a armas blancas o de fuego, familias opresoras y maltratadoras. Una vez más se repiten patrones en el rasgo de los culpables de estos actos. Todo esto podría haber conducido a sentar las bases de un debate sobre los puntos más oscuros de la sociedad, a tratar de esclarecer qué comportamientos sería necesario corregir para que, a largo plazo, estos episodios desapareciesen. Sin embargo, contar con un enemigo común al que poder echar la culpa resulta siempre de lo más conveniente ya que, además de atajar la solución al problema, suele crearse un enfermizo clima de repercusión mediática que, en última instancia, evade al ojo público de la realidad y no hace más que asentar con mayor firmeza la opinión de quienes buscan esta clase de soluciones. El satanismo siempre es, para que nos entendamos, mucho más efectivo que unas cuantas teorías sociológicas.

Slayer

La tragedia de Columbine

Eric Harris y Dylan Klebold accedieron a la Escuela de Secundaria de Columbine tras hacer estallar una bomba incendiaria en un campo cercano. Era la mañana del 20 de abril de 1999 y ambos estudiantes no portaban precisamente mochilas y libros. El resultado de su incursión dejó trece muertos y veintiún heridos de bala. Los asesinos terminaron la fiesta suicidándose.

El de Columbine fue un caso realmente sonado que, esta vez sí, provocó varios debates sobre el acoso, la marginalidad o el uso y acceso a armas de fuego en Estados Unidos. Sin embargo, pronto comenzó a hablarse de los gustos musicales de Eric Harris y Dylan Klebold, entre los que se encontraba, al parecer, uno de los grandes provocadores sociales del momento, el mismísimo Marilyn Manson. Por aquel entonces, la imaginería del cantante era lo suficientemente retorcida, exagerada y pasada de rosca como para recoger los odios de toda asociación de bien pensantes que pudiese existir sobre la faz de la Tierra. Manson no solo era miembro de la Iglesia de Satán de Anton Szandor LaVey sino que en sus letras, además, se hacían constantes referencias a la violencia, lo demoníaco, el sexo o las drogas. Los boicots a su carrera eran constantes y llegaron incluso a darse avisos de bomba en algunos de sus conciertos.

Columbine. Periódico

El de Marilyn Manson fue uno de los casos más sonados de chivos expiatorios del rock. Que los asesinos de Columbine fuesen en apariencia seguidores del gran enemigo de la moral cayó como miel sobre hojuelas en el paladar de toda clase de defensores de los valores más arraigados a la tradición de la gente de bien. El resultado fue un linchamiento mediático de tal envergadura que, además de obligarle a suspender la gira en desarrollo, llegó a poner en riesgo la continuidad de la carrera del artista. Con el paso de los años, las aguas se calmaron y Manson pudo retomar su vida escénica con normalidad. Sin embargo, y en palabras del propio músico en una entrevista para The Guardian, “el suceso de Columbine destruyó toda mi carrera”.

Por supuesto, todo el ruido generado soterró cualquier discusión formal que pudiese abarcarse sobre el origen o las causas de tan terribles sucesos. ¿Qué factores sociales llevaron a todos estos jóvenes a cometer semejantes crímenes? ¿En qué tipo de entorno se desarrollaba su día a día? ¿Es aceptable que una sociedad tan supuestamente avanzada ofrezca un acceso tan poco controlado a armas de fuego? Todos estos casos tuvieron lugar en Estados Unidos, “la cuna de lo mejor y de lo peor”, que cantaba Leonard Cohen. Sin embargo, lo de depurar responsabilidades ante actos de este tipo no es algo exclusivo de ese país. Lo que pasa es que ahí, tal vez, los casos son más llamativos.

Columbine. Cámara

Chivos expiatorios del rock: una breve conclusión

El rock y todos sus géneros derivados (además del rap) siempre han cargado con este estigma de peligrosidad. Muchos de nosotros hemos crecido viendo cómo Charles Bronson masacraba a bocajarro a toda clase de pandilleros, hippies y moteros. Del mismo modo, todo aquel que jugase a dos o tres videojuegos de arcade durante los noventa se habrá puesto las botas de moler punks y anarquistas a puñetazos. Con el paso de los años, este sentimiento se ha ido mitigando a favor de otros estilos que han tomado el relevo. Los roqueros, los jevis y los punkis ya no son considerados tan hostiles como antaño, tal vez por una mera cuestión de relevo generacional.

Pero otros vendrán y agarrarán con fuerza el testigo. Porque, a la hora de la verdad, girar la vista hacia determinados estereotipos es en ocasiones mucho más reconfortante que asumir, como sociedad o como educadores, la responsabilidad de los actos que nos sonrojan y nos ponen en entredicho.

Marilyn Manson. Chivos expiatorios del rock
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