THE SHAGGS. ¿EL PEOR GRUPO DE LA HISTORIA?

THE SHAGGS. ¿EL PEOR GRUPO DE LA HISTORIA?

Cuando Creso de Lidia cruzo el río Halis en el año 547 a.C., lo hizo con el convencimiento de que un imperio caería. El Oráculo de Delfos así lo había predicho y por eso el monarca dispuso su ejército con la intención de dar un buen repaso al persa Ciro II. Sin embargo, Creso no fue consciente de que ese imperio al que se refería el vaticinio podría ser el suyo propio y el resultado fue tan desastroso que su nombre quedó irremediablemente ligado al fin de los reyes lidios. Los mecanismos de la adivinación suelen ser perversos; aquí, por ejemplo, jugaron al mismo tiempo en ambos equipos, local y visitante. La verdad es que este error de cálculo de Creso bien podría haberse constituido como un valioso episodio aleccionador, pero el paso de las centurias no ha hecho más que demostrar que el ser humano es testarudo por naturaleza y acostumbra a repetir los mismos patrones de manera más o menos cíclica. Así, más de dos mil años después, otro acontecimiento de augurio y magia blanca condicionó la vida de tres jóvenes estadounidenses que se vieron obligadas a formar parte de lo que fue ampliamente considerado como el peor grupo de la historia: The Shaggs.

Por los caprichos de una bruja

Es posible que en Freemont, New Hampshire, no hubiese mucho con lo que matar el tiempo. Tal vez por eso, Austin Wiggin Jr se dejó leer la mano por su madre, una mujer, suponemos, cuya sangre contendría trazas de brujería. Las líneas arrojaron tres sentencias: que Austin se casaría con una mujer rubia, que dos de sus descendientes no conocerían a su abuela y que sus hijas formarían una exitosa banda de rock. Con el paso de los años, Austin quedó prendado de la amarillenta cabellera de Annie y ambos contrajeron matrimonio. Tiempo después su madre falleció y, tras este inevitable sucedo, la familia aumentó en dos miembros más.

Lectura de manos

Los augurios cayeron uno tras otro. Sin embargo, las hijas de Austin no parecían tener las inclinaciones musicales necesarias para asegurar el tercer vaticinio. Pero claro, hablamos de un hombre tenaz que no iba a rendirse tan fácilmente. Y si la profecía no venía por su propio pie, pues se fuerza, y listo.

Cómo fundar el peor grupo de la historia

Dorothy, Helen y Betty Wiggin fueron sacadas de la escuela en 1968 y obligadas a ensayar sin descanso. Su padre había comprado dos guitarras y una batería para que a las niñas no les faltase de nada salvo, quizás, tiempo libre y una adolescencia al uso. Austin Wiggin fue un hombre tan tradicional y controlador como obsesivo. Su misión era clara: del trabajo de sus hijas saldría un grupo de rock que nadie podría olvidar. Pero pese a que ninguna de las tres hermanas tenía conocimientos de solfeo, ni siquiera nociones musicales básicas, Austin nunca contempló que un profesor fuese un valor a tener en cuenta para la ecuación. De esta manera, las sesiones de auto aprendizaje resultaban tan extenuantes como infructuosas.

Todo esto se desarrolló en un ambiente de pleno desconocimiento sobre la industria musical y todo lo que esta implicaba. Las niñas no tenían acceso a discos contemporáneos ni gozaban del permiso para asistir a conciertos, por lo que su burbuja cultural era especialmente densa. Evidentemente, ni hablamos de relacionarse con sus semejantes y de pensar en chicos o en cualquier otra bobada que las apartase de ensayar día y noche. Sin embargo, para Austin todo estaba bien; sus hijas mejoraban a ojos vista y no había razón alguna para pensar en un camino que no condujese a un futuro repleto de aplausos. ¿Qué opinaban de todo esto la mujer de la casa y el resto de la camada Wiggin? A saber.

The Shaggs. El peor grupo de la historia

El nombre de la banda, The Shaggs, llegó por inspiración directa de un peinado de moda, el shagg. La idea fue, por supuesto, de Austin. En el grupo, Dorothy “Dot” tocaba la guitarra, cantaba y componía las canciones; su hermana Betty la acompañaba a las seis cuerdas y, finalmente, Helen hacía lo que podía tras la batería. Cuando el guion así lo requería, una cuarta hermana de nombre Rachel hacía las funciones de bajista y corista. Pero, en general, el papel de esta última era más bien testimonial.

De actuaciones y lluvias de proyectiles

Como decíamos, The Shaggs ensayaban y ensayaban bajo la severa batuta de su progenitor. Llego un día en el que este consideró que las chicas ya estaban lo suficientemente maduras como para comparecer frente al público y las inscribió en un concurso de talentos que se celebraba en un pueblo cercano. La emoción de las tres hermanas era notable, pero no tanto por su debut como debido a que esta oportunidad les permitiría relacionarse con otras gentes de su edad. Esta primera actuación del grupo fue condecorada con una amplia variedad de abucheos acompañada por el vuelo de latas de refrescos y otros objetos arrojadizos hacia el escenario. Un desastre que, sin embargo, no logró aplacar los ánimos de Austin.

The Shaggs en directo. El peor grupo de la historia

The Shaggs comenzaron a actuar todos los viernes en el ayuntamiento de su localidad y, contra toda lógica, su sonido no parecía evolucionar hacia estadios de tolerancia auditiva. Los conciertos de las hermanas Wiggin se convirtieron en un esperado acontecimiento cómico de carácter recurrente dentro de la agenda cultural de Freemont mientras Dorothy, Helen y Betty desperdiciaban sus mejores años aplastadas bajo el desprecio de las musas.

Visita al estudio de grabación

Y llegó el momento de grabar un disco. Dorothy había compuesto varias canciones que Austin empaquetó bajo el título Philosophy of the world antes de reunir una buena parte de sus ahorros, montar a sus hijas en el coche y presentarse en la puerta de los estudios Fleetwood, en Revere, Massachussets. La grabación del álbum de The Shaggs ocupó un día de marzo de  1969. Una jornada difícil de olvidar para los técnicos y demás plantilla profesional del lugar. Se dice que el ingeniero de sonido trató de convencer vehementemente a Austin para que liberase a las niñas de su tormento pero, sin embargo, Philosophy of the world quedó finalmente registrado. The Shaggs ya eran un grupo con un trabajo discográfico listo para someterse a los designios del mercado.

Sin embargo, el destino se empeñaba en poner palos entre las ruedas de esta historia y, de las mil copias encargadas, los Wiggin solamente recibieron cien ejemplares. Los demás desaparecieron junto a la persona encargada de su distribución y nunca más se supo; ni de los discos ni del fulano en cuestión.

The Shaggs. El peor grupo de la historia.

Philosophy of the world se distribuyó entre radios locales y pequeños comercios que no tardaron en hacerse eco de ese sonido tan innovador como desastroso, afónico, torpe, anárquico e impredecible. Al escucharlo, resultaba complicado tratar de ubicar las cosas en su sitio. Cada uno de los instrumentos parecía actuar de manera independiente al resto, como si las leyes de la lógica brillasen en coordenadas bien distantes a lo que sucedía a lo largo del metraje. Todo resultaba tan complejo de explicar que escucharlo era la mejor manera de intentar comprenderlo. Pero aquí no había orden ni sentido, solo el resultado del empeño desquiciado de un controlador obsesivo y sin talento. Las letras de las canciones, por su parte, estaban cubiertas de una pretenciosa profundidad totalmente infantil fruto de los desvelos, las carencias y las inquietudes de Dorothy. El disco era, en resumen, un despropósito sin igual y así fue tratado por sus coetáneos, que ya empezaron a hablar del peor grupo de la historia.

En líneas generales, quien pudo hacerse eco de su existencia recibió a The Shaggs con una razonable combinación de incertidumbre, desprecio y cachondeo. Philosophy of the world fue rápidamente sentenciado al olvido y la familia Wiggin regresó a esa malsana rutina de control y trabajos forzados. Dorothy, Helen y Betty continuaron ensayando incesantemente sin mejorar ni un ápice en su técnica y siempre bajo la tiránica tutela de su padre. Con el paso de los años, este llegó a meterlas de nuevo en el estudio para grabar un segundo álbum que nunca llegó a materializarse.

Y llegó el momento, durante un día cualquiera de 1975, en el que Austin fue convocado en el Más Allá gracias a la intervención de un fulminante ataque al corazón. The Shaggs se disolvió automáticamente. Las hermanas Wiggin fueron al fin libres. Fin del cuento.

The Shaggs. El peor grupo de la historia

¿Fin del cuento?

Pero qué fácil habría sido dejar las cosas tal y como estaban en este punto. El peor grupo de la historia desbandado y su legado olvidado. Dorothy, Betty y Helen rehaciendo sus vidas poco a poco, superando sus traumas y sus miedos, tal vez formando una familia. Lo que haga falta. Sin embargo, The Shaggs no tardaron mucho tiempo en ser objeto de un extraño fenómeno de reivindicación que vino de la mano del pianista Terry Adams, quien propició una reedición de Philosophy of the world en 1980 por medio de la compañía discográfica Rounder Records.

Así, poco a poco, el grupo emergió desde las sombras del abandono y el disco se convirtió en algo así como un objeto de culto para coleccionistas, buscadores de rarezas y, en general, amantes de lo estrambótico. Un fenómeno freak en toda regla. Las primeras críticas no tardaron en llegar. Debra Rae Cohen dijo que se trataba de “el disco más enfermizo, asombrosamente espantoso y maravilloso que he escuchado en años. El purgante mental perfecto para cualquier tipo de estancamiento”. Su compañero en Rolling Stone Chris Connelly fue más expeditivo al afirmar que este era “sin exagerar, el peor álbum jamás grabado”.

El regreso triunfal del peor grupo de la historia

La leyenda de The Shaggs comenzó a crecer y no tardaron en salir aquellos que vieron en su música algo puro y auténtico, todo un fogonazo de honradez en un mar de mega producciones musicales. Se habló de intuición, de espontaneidad, de sinceridad y de improvisación. De humanidad. Muchos las llegaron a comparar con grandes maestros del jazz más atonal, tal vez sin comprender que aquí, lo que no había, era talento. Pero no fueron solo los aficionados quienes volvieron la vista hacia ellas. Algunos músicos de proyección internacional también se hicieron eco de la avalancha provocada por el peor grupo de la historia. Frank Zappa, sin ir más lejos, llegó a afirmar que The Shaggs eran “mejores que The Beatles”.

Hacia 1982 fueron recuperadas varias grabaciones de su segunda visita al estudio, en 1975, y con ellas se editó un disco que llevó por título Shagg’s own thing. Podemos imaginar que, en su tumba, el cadáver de Austin Wiggin sonreía mientras trataba de dirigir sus cuencas oculares vacías hacia una mano ya tiempo atrás desposeída de líneas que leer. La profecía parecía cumplirse.

Tribute to the Shaggs

Lo más curioso de todo esto es que The Shaggs seguían sonando igual de mal y, sin embargo, ahora sí que parecían encajar con los gustos de un sector del público ávido de nuevas sensaciones. Su estilo era difícil de encasillar, pero no porque estuviese dotado de capas de complejidad o matices solo aptos para los oyentes más avezados. Qué va. Simplemente, no había manera lógica de reducirlo a una etiqueta convincente. Y aun así, se trató de envolver todo esto en un discurso de coherencia forzada, de buscarle una intención artística rupturista que, de existir, nunca fue intencionada. Podías darle las vueltas que quisieras y rebozarlo en toda clase de lecturas postmodernas, pero definir a The Shaggs como el peor grupo de la historia no resultaba disparatado en ningún caso.

Pasaban los años y el fenómeno sobrevivía latente, salpicándonos de vez en cuando con algún imprevisto coletazo. Como muestra, algunos botones. Kurt Cobain llegó a incluir a Philosophy of the world en su lista de cincuenta discos favoritos, nada más ni nada menos que en la quinta posición. No solo existen grupos tributo a las hermanas Wiggin, en 2001 la compañía Animal World Recordings lanzó Better than The Beatles: a tribute to The Shaggs, un disco mediante el que varios artistas relativamente desconocidos rendían pleitesía al legado de Betty, Helen y Dorothy. En 2011 se estrenó un musical basado en la historia del grupo e ideado por New York Theatre Workshop. Por supuesto, la idea de una película sobre el peor grupo de la historia ha rondado constantemente los despachos de varias productoras cinematográficas.

Dot Wiggin Band

Algunos de estos episodios espolearon el corazón de Dorothy haciendo posible que en 2015 viese la luz Ready! Get! Go!, el primer y último disco de Dot Wiggin Band. Lo más amable que muchos pudieron decir de este experimento fue que el talento musical de la mayor de las hermanas continuaba imperturbable al paso de las décadas. Siendo justos, sin embargo, cabe afirmar que este álbum suena mejor que aquel Philosophy of the world. Sencilla tarea, por otra parte.

Y podríamos continuar hablando sobre ellas durante páginas y más páginas, sin embargo, lo que aquí importa es que la existencia de The Shaggs constituye una aventura tan singular como dramática y divertida de la que pueden desprenderse múltiples lecturas. Aquí hay episodios de maltrato e infancias robadas, claros ejemplos de obstinación, falta de criterio y una narración alucinada con sorprendentes giros de guion. Todo ello articulado en torno a un acontecimiento de magia blanca, a una predicción forzada a hacerse carne que terminó por rendir al mundo un presente sobre el que no todos se ponen de acuerdo. Algo que quedará para siempre delimitado entre los amplios márgenes de la genialidad, el disfrute cómico, el placer esnob, lo incomprendido y lo anecdótico.

Imagen de la mano con las líneas: Archives New Zealand.

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