SOBRE EL CIERRE DE SALAS DE CONCIERTOS. UNA CHARLA CON TORI SPARKS (PARTE 1)

SOBRE EL CIERRE DE SALAS DE CONCIERTOS. UNA CHARLA CON TORI SPARKS (PARTE 1)

A grandes rasgos solemos dar muchas cosas por sentadas. Partimos del hecho de que los músicos componen canciones para formar parte de discos que luego son presentados en directo en espacios de diferente tipo y tamaño. También contamos con que a estos conciertos acudirá gente; algunos porque ya son seguidores y otros, amantes de la música en vivo, que tal vez sientan curiosidad por la propuesta. Y de esta manera los grupos afianzan su carrera, ganan adeptos, venden su obra e ingresan un capital que les permite seguir creando melodías para dar vida a otro álbum que etcétera. Un círculo perfecto que siempre ha funcionado de la misma manera. ¿Pero qué pasaría si fallase uno de estos eslabones? ¿Cuáles serían las consecuencias de que una cadena tan presumiblemente férrea se quebrase y, por decir algo, faltasen esos lugares donde actuar y defender la música cara a cara frente al público? Tal vez, llegados a este punto, lo mejor será dejar de hablar en condicional y pasar a tratar el tema desde la óptica del presente más tangible, pues a día de hoy la realidad del cierre de salas de conciertos no es algo que pueda discutirse por medio de la presunción.

Una nota preliminar

Antes de comenzar, conviene aclarar que cuando hablamos del cierre de salas de conciertos lo hacemos pensando en aquellos espacios más vulnerables. Esos que debido a su tamaño y aforo, tal vez ligeramente superior a las quinientas personas (pero muchas veces con una capacidad todavía menor) sufren directamente en sus carnes las consecuencias de esta crisis. No creemos conveniente tener que matizar que todos los locales de música en vivo pueden verse afectados por las mismas razones, pero los que han tenido que bajar la persiana definitivamente son, en su grandísima mayoría, de tamaño pequeño o mediano.

Sala de música

Sobre este asunto existen muchos argumentos que tratan de exponer razones y soluciones. Se ha debatido sobre pandemia y post-pandemia, nuevos paradigmas, aumento de costes, alquileres abusivos y sobre la amenaza de los macro festivales; todo ello desde perspectivas sociales y económicas. Pero, al final, quien mejor puede hablar sobre el cierre de salas de música será aquel que conozca el tema de primera mano. Es por eso que para redactar este artículo hemos contado con la colaboración de alguien que vive esta situación desde dentro.

Sobre el cierre de salas. Una charla con Tori Sparks

Tori Sparks nace en Chicago en el año 1983, aunque desarrolla su primera carrera musical en Tallahassee (Florida) y luego Nashville (Tennessee). En 2011 se muda a Barcelona en busca de un cambio de aires que, al final, la ha llevado a configurar un particular sonido donde la tradición de su tierra natal se funde magistralmente con el flamenco y otros aires de esencia hispana. Tori es, además, un animal escénico de gran honestidad; alguien que ha actuado en multitud de países y que ha pisado toda clase de escenarios, desde festivales de gran tamaño hasta las tablas más modestas. Como artista, es una intérprete que le debe mucho al circuito de pequeñas salas; a las de su Barcelona adoptiva, pero también a las del resto de España, Estados Unidos y buena parte de Europa.

Nuestra charla comienza hablando sobre la salud del actual circuito de pequeñas y medianas salas de música, así como de la importancia que este tiene sobre la realidad cultural de cualquier ciudad. Tori Sparks no es una persona negativa y, según afirma, prefiere optar por una filosofía de vida que priorice la búsqueda de soluciones frente a la queja vacía que no aporta nada.

Pero en este caso, dice, “veo mal la salud del circuito de salas de este tamaño, lo veo enfermo y esto es muy preocupante. Y aunque creo con toda el alma en el concepto de ser constructiva, también creo que es importante ser honesta y este es un momento para hablar sin pelos en la lengua, porque si no empezamos a tomar las cosas mucho más en serio, no van a cambiar nunca y vamos a encontrarnos en una situación aún peor dentro de doce meses, por no hablar de dentro de cinco o diez años. En los últimos tiempos hemos perdido solo en Barcelona cinco, seis, siete salas que eran, a nivel de tamaño, pequeñas, pero muy importantes a nivel cultural. Rocksound, por ejemplo, Milano, Honky Tonk o Café Rock & Roll. En Madrid también estaban el Trashcan Music Club o Rock Palace. Es una epidemia y desde la pandemia es cada vez peor, aunque esto ya comenzó antes. Es muy preocupante, de verdad”.

Tori Sparks. Foto: Javier Monsalve

A estos lugares mencionados puede sumarse el adiós definitivo de Altxerri, en Donosti, y muchos otros que en los últimos años se han visto obligados a clausurar de forma definitiva. El panorama, en resumen, está cambiando notablemente y Tori recuerda cómo la ciudad era diferente cuando llegó a España. “La primera vez que toqué en Barcelona fue antes de mudarme, hace 15 años o así. Cuando llegué había tantos sitios para actuar, tantos bares musicales, salas pequeñas y medianas que ofrecían un trato digno a nivel económico; y la gente venía a verte incluso sin saber quién eras. Había una escena muy viva, muy dinámica y con muchos tipos de música. Me impresionaba tanto que fue una de las razones para mudarme aquí”.

¿Y por qué es importante tener un circuito de espacios de este tamaño en una ciudad? ¿Por qué hay que hablar sobre el cierre de estas salas? “Es que como público, si ves a una banda tocar cien veces, nunca vas a ver exactamente el mismo concierto. Por eso, tener un circuito de salas pequeñas y medianas ofrece a los y las fans de la música en directo la posibilidad de mil experiencias únicas cada noche y da a la gente la oportunidad de juntarse y compartir, algo que creo que hoy en día es más importante que nunca”.

“Como músico principiante, lo que te permite un circuito de salas es empezar a comprender el oficio, hacerte cada vez más fuerte como performer, como escritor de canciones, aprender a interactuar con el público, hacer tus primeros seguidores y tus primeros contactos. Y a los artistas que ya tienen una carrera establecida, les da la oportunidad de probar nuevo material, de hacer conciertos acústicos para los fans locales, de ganarse la vida cuando una no está de gira o, incluso, de organizar una actuación benéfica. Al final es una riqueza tener estos sitios y, para mí, una ciudad sin ellos es una ciudad sin alma, de verdad”, sentencia Tori.

Graves consecuencias para la escena musical

El cierre de salas de conciertos, en definitiva, empobrece la vida cultural de las ciudades y golpea a todos los que disfrutamos de la música en vivo. Sin embargo, es especialmente preocupante para todos los profesionales que dependen o se benefician de este tejido. Tori Sparks lo tiene muy claro: sin estos escenarios, los músicos noveles no tienen donde dar sus primeros pasos.

Tori Sparks. Marula Café. Foto: Daniela Giannageli

“¿Cómo vas a encontrar tu público si no hay un sitio donde hacerlo? En mi caso – dice – antes de la pandemia hacía muchas giras, pero después de años viajando casi constantemente no te apetece estar de gira doscientos cincuenta días al año. Yo encontré en Barcelona un equilibrio muy bonito de vida y trabajo. Podía ir de gira a Alemania, a Italia o a Marruecos, pero cuando no estaba fuera podía ganarme muy bien la vida tocando en sitios pequeños que apoyaban la música en directo, que apostaban por música original”.

“Ahora, con el cierre de salas, como músico te quedas sin recursos. No solo a nivel económico, hablo también de mantenerte en forma como intérprete y seguir conectada con el público de tu entorno. Esto afecta mucho a nivel local, pero también a la escena internacional, porque antes, honestamente, era mucho más fácil organizar una gira, incluso por territorios donde no tienes tanto público. Y ahora, después de más de veinte años trabajando en esto, con ocho discos y EPs ya publicados, saliendo en revistas, en la tele, en la radio, grabando temas para bandas sonoras de Netflix y bla, bla, bla… debería ser más fácil que nunca planificar una gira, por ejemplo; pero lo encuentro igual de difícil, o más, que cuando estaba empezando. Todo debido a la salud general de la escena. Ya es raro, ¿eh?”

“Y aún peor, ves que no eres la única que se encuentra en esta situación, que todo el mundo a tu alrededor está afectado por el cierre de salas de conciertos”. En este caso, Tori se refiere a la clase media de profesionales, todos esos músicos que, en sus propias palabras, “no somos Madonna, no tocamos en estadios, pero tampoco hablo de artistas o bandas principiantes. Hablo de artistas relativamente conocidos, con años de carrera establecida, que nos hemos ganado la vida tocando durante mucho tiempo. De repente ves que es mucho más difícil encontrar las mismas oportunidades que antes”.

“Pero aunque todos y todas lo hablamos entre nosotros, pocas veces vas a oír o leer algo al respecto en entrevistas o en las redes sociales. Porque parte del trabajo de un o una artista es proyectar una imagen de éxito; y el éxito atrae más éxito, más trabajo. Quejarse de qué difícil es todo solo te complicaría más la vida, y los músicos no pueden permitírselo”.

“Es preocupante cuando todos tus compañeros están diciendo lo mismo, porque indica que algo está roto dentro del sistema, que no es cuestión de algo tuyo que se puede mejorar o arreglar. En mi caso, después de dos décadas ganándome la vida con la música, tocando en directo, girando por el mundo, produciendo discos tanto míos como para otros, es la primera vez que estoy preocupada, y de verdad, por el panorama de la música en directo en formato mediano o pequeño. ¿Y por qué lo digo en voz alta cuando acabo de decir que esto no se hace? Porque si no empezamos hablar de ello, nunca cambiará nada”.

Tori Sparks. Foto: Quim Cabeza

¿A qué se debe el cierre de salas de conciertos?

Sentadas las bases del estado de salud del circuito, llega el momento de ahondar en las razones que han conducido a esta situación. Analizado en profundidad, el tema se antoja complejo, con una cantidad de capas y matices que generan muchas realidades superpuestas. Tal vez la mejor manera de adentrarse en las causas del cierre de salas sea a partir de ejemplos concretos, como el de Milano Jazz Club, en Barcelona, un caso que Tori Sparks conoce de primera mano.

Desprotección, especulación y desidia administrativa

“Muchas veces, el encargado de una sala, la persona que programa la música y gestiona la promoción, no es el propietario del espacio donde está ubicada la sala. En el caso de Milano, aquí en Barcelona, cuando terminó el contrato de alquiler que tenían los del club de música, el dueño del edificio recibió una oferta de una cadena de restaurantes y decidió que esto le iría mejor porque así ganaría más. Y chao, es así de sencillo”.

Por desgracia, casos como este son habituales y muchos gestores de salas de música se ven abocados al cierre forzado pese a conducir un negocio sobradamente rentable y sin aparentes problemas de continuidad. Por supuesto, es asumible buscar el punto de vista del ejecutor.

“A nivel económico – continúa Tori –  tiene todo el sentido de mundo que el propietario lo haga. Pero es muy… frío no es la palabra, es más bien lógico, pero es lógico como lo sería para un robot. Solo es una cuestión de que, ‘si gano más haciendo esto, lo hago’. Pero si operamos así cuando hablamos de la cultura (y no solo sobre música en vivo; también de teatro, librerías, tiendas de música o hasta restaurantes independientes) si solo tomamos las decisiones pensando en euros, ¿qué tipo de ciudad tenemos?”

Sobre el cierre de salas de música

“Por supuesto que todo el mundo tiene el derecho a ganarse bien la vida. Y si alguien te ofrece más dinero por el mismo producto, adelante. Si una ciudad quiere crecer y poner más apartamentos porque quieren que vengan más turistas, porque es bueno para la economía, bien, adelante. Digo ‘bien’ excepto cuando el coste es la cultura local; pero ¿cómo calculamos lo que cuesta esto? Yo creo que parte de este problema es que vivimos en un mundo donde, en general, no se valora lo suficiente lo que aporta una sala de música en directo a una ciudad o a un país”.

“No quiero decir que todos los propietarios de los edificios donde hay salas sean así. Eso solo ocurre en algunos casos: los de gente sin la cultura necesaria para apreciar lo que tienen en sus manos y que solo piensan en sus bolsillos. Es avaricia, supongo… no sé cómo llamarlo”.

Una vez plantada esta semilla, la pregunta parece clara: ¿los propietarios de estos locales actuarían de manera diferente si la administración se implicase más? “Es muy fácil decir que el cierre de salas se debe a que el público ya no va a conciertos; porque la gente prefiere quedarse en casa, ver TikTok o YouTube, jugar a videojuegos e ir a discotecas. Pero yo no creo que sea así. Las instituciones sí invierten en turismo, por ejemplo, pero no en este tejido básico de cultura local, porque no les parece económicamente importante”.

“No es que estén en contra de esta forma de cultura, es que no les importa tanto. No comprenden lo importante que es lo que aporta. Los gobiernos podrían interesasen más; hacer las subvenciones para salas pequeñas más asequibles, por ejemplo. No hay ninguna figura dentro del sistema que esté facilitando realmente el mantener una sala activa”.

Tori Sparks. Foto: Alfonso Orive

Falta de protección frente al cierre de salas

Una vez más, el problema tiene infinidad de aristas y no todo puede reducirse a la avidez de unos o la inacción de otros. Sin embargo, uno de los mayores escollos se encuentra en una administración que no protege al circuito de salas medianas y pequeñas, que parece ubicar la variedad cultural en lo más profundo de su recámara de prioridades.

En este sentido, Tori reitera su opinión: “Aunque es verdad que el panorama ha cambiado en los últimos años debido a varios factores, la principal causa del cierre de salas de este tamaño no tiene tanto que ver con el público como con el hecho de que el sistema en sí no protege todo esto. Y siento tener que decirlo, pero ocurre especialmente aquí en España. Además, creo que algunos propietarios o encargados que hacen todo lo que pueden están cansados de luchar contra un sistema que pone todo difícil”.

“Luego tenemos casos como Milano, donde puede ser que el encargado o la encargada seguiría luchando, pero la gente que llevaba esta sala no eran los propietarios, pagaban un alquiler y no pudieron hacer nada cuando el dueño dijo ‘adiós’. Más o menos lo mismo pasó con Café Rock & Roll en Gràcia, por ejemplo; la encargada construyó una cosa tan bonita y realmente importante para la cultura local en ese sitio físicamente tan pequeño. Pero ella tampoco tuvo opción cuando, muy de repente, la propietaria decidió que quería cambiarlo todo. En fin, desde mi punto de vista, dentro del sistema que tenemos ahora, no hay manera de proteger a estas salas. Me encantaría poder tener algún tipo de respuesta diferente, pero algo tiene que cambiar”.

Sobre festivales y macro eventos. ¿Son realmente una amenaza?

Hoy en día, España es terreno fértil en festivales. No hay región que no enarbole con orgullo un cartel plagado por los grandes nombres del momento, un brillante faro en medio de la noche que atraiga sin arreglo a una uniforme cofradía de público ávido de esas experiencias que uno no puede dejar de vivir. Esta saturación suele acaparar la oferta y el foco de atención hasta el punto de que en ocasiones parece no existir otra posibilidad para disfrutar de una banda en vivo. La incidencia de estos macro eventos en el cierre de salas de conciertos ha ocupado horas de debate en los últimos años, por lo que es un tema que no podíamos pasar por alto en esta conversación.

Tori Sparks. Sobre el cierre de salas de música. Foto: Wolfgang Heerman

En líneas generales, Tori opina que la discusión no debe girar en torno a si estos festivales son una amenaza directa por sí mismos. “Para mí – dice – es un error juzgarlos como si fuera posible comparar dos cosas tan distintas. Es un modelo de negocio totalmente diferente al de una sala pequeña, no tiene nada que ver. Pero por otro lado, las salas no pueden competir con estas gigantes máquinas de marketing que encima cuentan con apoyo del gobierno local“.

“Por un lado, no creo en que el gobierno tenga que regular los macro festivales y decirles que solo pueden poner la entrada hasta tal precio, por ejemplo. No creo en este tipo de acciones. Pero lo que sí que ayudaría sería dar mucha más visibilidad, desde los departamentos de Cultura, a eventos que no son tan macro; dar la misma importancia a la red de salas pequeñas que a un Primavera Sound, por ejemplo. Porque al final son igual de importantes, solo que uno representa más dinero para el gobierno y su departamento de turismo, y el otro representa la base de la cultura de una ciudad y de un país. Es un patrimonio intangible que deberían valorar y proteger; el dinero es importante, pero no es lo único que hace de un sitio lo que es. No entiendo por qué no ven que son igual de importantes, aunque de diferente manera”.

A lo largo de sus años de carrera, Tori Sparks ha tenido la oportunidad de subir al escenario de pequeños y grandes festivales en diferentes rincones del globo. Además, ha visto crecer a varios de ellos, evolucionar desde modestas convocatorias a planteamientos que ya poco tenían que ver con la idea original. Para ejemplificar este proceso, utilizamos un símil gastronómico.

“Yo conozco varios festivales que han empezado de la mano de fans de la música que querían apoyar la escena. Pero piénsalo como un propietario o propietaria de un restaurante pequeñito que mola, que tiene una comida de puta madre y todo el mundo va ahí: todo el barrio, luego toda ciudad y luego incluso llegan clientes desde otras ciudades. Esta gente ha tenido éxito porque ofrece un producto bueno, comida de calidad. Entonces deciden hacer una cadena por todo el país”.

“Pues entonces la mentalidad de los inicios tiene que cambiar por defecto: no solo cómo piensan en su modelo de negocio, también acabará afectando casi siempre a su producto. No pueden prestar tanta atención a la calidad, a la verdadera diversidad de su oferta, tienen que pensar en cómo pagar todos esos gastos nuevos que han venido con su nuevo modelo de negocio. Acaba siendo más una máquina de marketing que esa idea original: la de ofrecer el mejor plato de pasta que has probado en tu vida, ¿no? Pasa lo mismo si el producto del que hablamos es comida o música.”

“En un festival pequeño o mediano, el foco es la música y normalmente tratan muy bien a los artistas que contratan, porque es su pasión. Pero cuando crece hasta cierto punto, la mentalidad cambia y lo hace casi por defecto. Es como decir que una discográfica pequeñita y Sony tienen la misma forma de actuar. Es que no es lo mismo, están pensando en macro, están pensando en millones de euros, en artistas con millones o billones de seguidores en plataformas de streaming. Esta manera de ver las cosas es más McDonald’s, más Starbucks, desafortunadamente no es sostenible tener la misma mentalidad que antes. O al menos es lo que la historia nos ha mostrado, y parece que va a peor si tenemos en cuenta las condiciones del mercado actual”.

“A un nivel económico es comprensible, pero como fan de la música y como músico es triste, porque gracias a esta máquina de marketing tan grande, que en parte debe su existencia al apoyo de los gobiernos locales que quieren que estos macro eventos estén en su ciudad por las razones económicas mencionadas, lo que el público acaba viendo son los carteles de los diez macro festivales del verano. Vivimos en un país supuestamente socialista: que los gobiernos regionales o locales sean el peor ejemplo de capitalismo en este sentido es un pecado”.

“Y esto, hasta cierto punto, también sucede en combinación con una falta con consciencia por parte de algunos sectores del público. Es una mentalidad macro, es mentalidad influencer: ‘yo quiero estar en el happening del verano’, y esa mentalidad se fomenta con apoyo del gobierno. Hace que un sector del público gaste todo su presupuesto para música en directo en estas altísimas entradas. Todo esto tiene que ver con marketing, y nada de esto tiene que ver con la música”.

Así, volvemos a la falta de apoyo o, más bien, al exceso de apoyo y ayudas que la administración destina a unos festivales que, poco a poco, se convierten en el entorno natural de consumo de música en directo. Es posible que un festival, por sí mismo, no tenga por qué afectar directamente en el cierre de estas salas pequeñas y medianas, pero la coexistencia de ambos espacios se vuelve cada vez más compleja.

Para sentenciar este tema, Tori concluye que, “creo que esta amenaza de la que se habla no viene porque los festivales en si quieran que pase algo a las salas, para nada. Ni piensan en ellas. Viene por la falta de apoyo concreto para las salas pequeñas y para los artistas independientes. Y el hecho de que luego el público no sepa a veces que lo que está recibiendo de los macros y lo que ve en un club local no es lo mismo. Y no tienen la misma importancia para la cultura del lugar donde vive”. 

Sala pequeña

¿La culpa de todo la tiene el reggaetón?

Otro factor importante para tratar de comprender el porqué del cierre de salas de conciertos podría ser el cambio de gustos musicales que se experimenta en las nuevas generaciones de público potencial. Así, existe cierta tendencia a pensar que muchas formas de la actual música urbana no dependen tanto de los escenarios tradicionales, pero ¿hasta qué punto es esto verdad? ¿Afecta el cambio de gustos musicales de las nuevas generaciones a la pervivencia de los locales de música en directo?

“Pues en cierto modo sí, porque hay algunos tipos de música que pegan más en un club pequeñito; de jazz, de rock o de otros estilos. Pero a la vez, aunque no soy muy fan del este género de música, he visto conciertos de reggaetón en salas medianas que han estado muy bien. Yo no creo que tenga tanto que ver con los gustos; en algunos casos las salas han sobrevivido durante muchos años cambiando los estilos que programaban. Lo que sí ha cambiado es la actitud, esta mentalidad tan macro, lo que dije antes, el hecho de que esté desapareciendo la clase media de salas y la clase media de músicos, de que haya menos diversidad”.

“No sé si antes he explicado bien lo que quiero decir con el concepto de lo macro. Vivimos en este mundo de influencers, de las redes sociales, donde es más importante haber estado en tal evento y sacarse un selfie que escuchar la música. Es un poco una enfermedad social sobre cómo se percibe la cultura. Esto entonces afecta al hecho de que la gente que tiene el poder en el mundo de la música (los gobiernos, las discográficas o los festivales) se estén aprovechando del lado económico de esto en lugar de proteger la diversidad y la cultura en sí. Algo que, por cierto, no es nada nuevo en la industria de la música, pero hoy en día resulta más exagerado que nunca”.

“Esto lo hace más difícil para las salas; no es el cambio de gustos, porque si la gente no tuviera otra opción para ver a un artista que le gusta, iría a un club. Pero, ‘¿en qué gasto mis cien euros si solo tengo cien euros?’ ‘¿Voy a ver a Bad Bunny o voy a ver diez conciertos de artistas independientes que me gustan? Pues si todos mis amigos están en el concierto de Bad Bunny sacándose selfies y poniéndolos en las redes, yo también’. Y al resto de artistas los veo en TikTok o los escucho casi gratis por Spotify. Y puede ser que a ti te vaya bien así, pero al final hay consecuencias para estas decisiones: que estos artistas independientes no van a poder seguir haciendo música, al menos no al nivel profesional, y esto será un problema tanto para los músicos como para las salas y los fans que sí que apoyan a la escena local”.

Malos ejemplos, mala praxis

“Pero también tengo que añadir – dice Tori – que tristemente algunas salas no están ayudando. No todas, y por supuesto que no quiero culpar a las salas en general, pero sí que hay algunas que están tan asustadas a nivel económico que han caído en seguir el camino más económicamente seguro, cueste lo que cueste en el sentido cultural. Y les comprendo, porque el panorama da miedo, pero las que solo programan bandas tributo, por ejemplo, y no quieren música original están sobreviviendo en el corto plazo pero matando al mercado de cara al futuro”.

“Hace años era muy difícil encontrar un concierto decente si tenías una banda de versiones, pero hoy en día, al menos en España, es mucho más sencillo encontrar conciertos con este tipo de grupos que con música propia. Y es muy poco original por parte de los programadores. Que están intentando llenar la sala, y lo entiendo, tienen miedo, no quieren cerrar sus puertas, no quiero minimizar estas realidades, pero creo que no se dan cuenta del daño que están haciendo a su propio negocio a largo plazo”.

Tori Sparks. Foto: Hayne Hall

Sin embargo, estas estrategias de programación que reducen el riesgo en pos de un lleno asegurado quedan en un segundo nivel de importancia frente a otras prácticas muy extendidas hoy en día. “Lo de programar música propia o bandas de covers es un debate, pero también hay un problema mucho más gordo. Hay otros sitios que están aprovechando la situación de una manera no solo amoral, sino literalmente ilegal. Como cada vez hay más artistas, menos sitios donde tocar y más demanda de escenarios, algunas salas alquilan sus espacios en lugar de programar a quienes creen que merecen tocar ahí”.

“Y no estoy hablando de un alquiler ‘razonable’ (aunque eso no es ético y tampoco es legal en España desde el año 1985, sea razonable o no), muchas veces es un precio altísimo. Es que la ley dice que no se puede alquilar una sala a una banda o artista excepto bajo circunstancias, muy pero que muy específicas, que no cumple casi ninguna de las salas que lo hacen. Muchas salas hacen esto hoy en día, cada vez más”.

“Antes de que me preguntes cómo es posible hacerlo si es ilegal: es que no hay casi ningún control. También porque en muchos casos los músicos no ven otra alternativa y aceptan estos tratos abusivos esperando poder vender suficientes entradas para llenar y recuperar su dinero. Esto es algo que no he visto en ningún otro país y creo que está haciendo bastante daño a la escena, porque todo acabará consistiendo en quién tiene más dinero para pagar por tocar, y punto”.

“No quiero sonar demasiado idealista echando de menos viejos tiempos o una edad dorada de la música en directo, pero no siempre ha funcionado así aquí. Siempre existía el componente económico, obvio, y siempre había grandes productoras que montaban sus propios eventos y alquilaban el espacio bajo condiciones legales, ¿pero lo de cobrar a músicos por trabajar? Pues no. Las salas y las promotoras siempre querían y necesitaban ganar dinero, claro que sí. Pero esa mentalidad de ‘hacer lo que sea para ganar un euro más, dando igual si es ético o legal, o si se hace daño a los artistas que programo’… no siempre fue así”.

“Si uno piensa de esta manera, ¿por qué no se va a trabajar a un banco, en lugar de llevar un club de música? Sería más fácil ganarse la vida así; llevar una sala de música es muy difícil y también implica algo de responsabilidad cultural. Seguro que alguien se va a enfadar conmigo por esta frase, pero es la verdad”.

“Y dicho esto, quiero repetir lo que dije antes: que no son todas las salas, para nada. Solo estamos hablando de problemas y de quienes los generan, pero también quiero agradecer y dar todos mis respetos a los y las programadoras, a las salas y a los festivales que siguen luchando por poner en sus escenarios a gente que para ellos representa algo interesante a nivel artístico. Olé por ellos, porque es cada vez más difícil, ya ves cómo está el panorama. Ellos son los y las fans de verdad, y ellos son quienes están manteniendo la esperanza para el futuro de la música en directo”.

Hasta aquí llega la primera parte de nuestra charla sobre el cierre de salas de música, un tema que seguiremos desgranando la semana que viene con una nueva entrega en la que trataremos de definir soluciones a un problema que cada vez afecta a más escenarios.


Tori Sparks. Sobre el cierre de salas de música. Foto: Luis Lecumberri
Compárteme

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Los datos de carácter personal proporcionados al rellenar este formulario serán tratados exclusivamente por el responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos solicitados en este formulario es la de responder al usuario de acuerdo a su solicitud. Al introducir sus datos personales, el usuario acepta expresamente nuestra política de privacidad. No introducir los datos solicitados podrá acarrear la imposibilidad de atender tu solicitud. Puedes consultar toda la información adicional y detallada en nuestra política de privacidad.