COCKSUCKER BLUES. HISTORIA DE UNA CANCIÓN PROHIBIDA
A grandes rasgos, 1969 no parecía haber sido un mal año. Bien es cierto que hubo que lidiar con episodios dramáticos como el desastre de Altamont o el despido y posterior fallecimiento de Brian Jones pero, en líneas generales, el ejercicio culminaba con un saldo favorable para The Rolling Stones. Let it bleed no había hecho más que afianzar al grupo en ese Olimpo del rock del que ya podían sentirse dueños; el dinero entraba a espuertas mientras Jagger y compañía sentían una cada vez mayor confianza en sí mismos. Tal vez, pensaron, había llegado el momento de programar su propio destino, de emanciparse para ser ellos quienes dictasen las normas y tomasen las decisiones más trascendentales sobre su propio trabajo. Solo un pequeño detalle legal los separaba de su independencia como artistas y, para salvarlo, tuvieron que recurrir a un esfuerzo creativo tan inesperado como irreverente. Esta es la historia de Cocksucker blues.
Un grupo con ansias independentistas
Decca era el sello discográfico con el que The Rolling Stones habían publicado todos sus álbumes desde 1963. Bajo su ala protectora, Jagger, Richards y compañía se habían dado a conocer más allá de las costas británicas para llegar a convertirse en los ídolos de millones de personas. Sin embargo, el grupo sentía que el trato que Decca les profesaba era un tanto opaco y condescendiente. “Nunca cooperaban con nosotros, nos trataban como a niños”, explicaría tiempo después un Mick Jagger que todavía recordaba cómo eran constantemente ninguneados por la discográfica pese a que los beneficios generados por el grupo se calculasen en millones de libras. La decisión parecía meridiana y, en 1970, The Rolling Stones deciden que es el momento de no renovar su compromiso con Decca para fundar su propia empresa.

Pero esta historia puede ser narrada desde varios puntos de vista, y mientras The Rolling Stones ansiaban su independencia, Decca era muy consciente de que los huevos que ponía la banda no eran ni de bronce ni de plata. Una cosa era que se tratase de unos niñatos irresponsables y potencialmente adictos, pero la otra cara de la moneda estaba cimentada bajo escarpadas montañas de dinero. Dejarlos marchar sin oponer resistencia no parecía la opción más lógica se mirase como se mirase. Así que sentadas las bases, la compañía compró nuevas gafas de cerca para todos sus picapleitos y estos se entregaron a revisar con deleite cada escondrijo del contrato de la banda. Y hete aquí que algo encontraron, pues según los pliegos, The Rolling Stones todavía estaban obligados a entregar un último single antes de poder romper la relación de manera amistosa.
El asunto pintaba trasparente. Decca perdería a su activo más lucrativo, pero al menos obtendría un último gran éxito con el que hacer un poco más de caja.
Por la gracia de Cocksucker blues
Pese a este inesperado giro de guion, la determinación del grupo era férrea. Así que armados de voluntariosa resignación se adentraron una vez más en el estudio de grabación para satisfacer las demandas de la discográfica. Aunque no todo iba a salir tal y como los directivos habían imaginado, pues la verdadera intención de The Rolling Stones era parir una canción tan obscena y ofensiva que nadie tuviese el valor de publicarla. Recordemos que nos encontramos en 1969.

Cocksucker blues fue registrada en una pocas tomas y en ella se escucha la voz arrastrada de Jagger acompañada por una guitarra en clave de blues. Se trata de una composición sencilla y minimalista inspirada, según parece, en The lonesome guitar strangler, de Dr. John. Pero más allá de cualquier consideración técnica, la canción relata las vivencias de un colegial que llega al centro de Londres con la intención manifiesta de convertirse en chapero. El protagonista narra los hechos en primera persona y tiene bien claras sus pretensiones, así como los medios que ha de atravesar para lograrlas. Tirarse a un policía, por ejemplo, no va a ser un impedimento para ello. Y es que este blues del chupapollas (para aquellos ajenos a las sutilezas lingüísticas del mundo anglosajón), no se emboza bajo delicados manejos del lenguaje o metáforas más o menos geniales. No. Al llegar el estribillo, Jagger paladea cada sílaba para preguntarse “Where can i get my cock sucked? Where can i get my ass fucked?”
Así, Decca recibió una última composición envenenada. Una canción con menciones explícitas a la prostitución, la sodomía y la felación que incluía, entre otras cosas, alusiones a la autoridad policial londinense. Nadie que se moviese con mediana soltura entre las aguas de las moralizadas y encorsetadas maneras británicas osaría publicar ni radiar semejante aberración a finales de la década de los sesenta. Con Cocksucker blues, The Rolling Stones alcanzaron esa tan ansiada emancipación mientras se aseguraban de que su ya antigua compañía no sacase ningún rédito con esta última exigencia contractual.
De nuevos éxitos y visitas al juzgado
En 1970, la banda fundó Rolling Stones Records y comenzó una nueva era de notoriedad gracias a trabajos tan insignes como Sticky fingers o Exile on main street. Sin embargo, no todo fueron corchos de champán volando por los aires. Cuando el grupo anunció sus intenciones autonomistas, estas no sentaron bien a su mánager, Allen Klein, que decidió hacer todo lo posible por tratar de inmovilizarlos en el seno de Decca. Al no conseguirlo, este retuvo para sí mismo los derechos de todas las grabaciones que The Rolling Stones habían realizado durante los años sesenta. Gracias a ellos comenzó un largo periodo de lucro con la edición de toda clase de recopilatorios, cajas y demás material discográfico. Por supuesto, Allen Klein fue fulminantemente cesado de sus labores representativas, aunque los litigios por la recuperación de todas estas canciones se prolongaron durante un largo periodo de tiempo.

¿Qué pasó con Cocksucker blues?
Pero antes de finalizar este relato hay que dar respuesta a una pregunta que flota en el aire desde hace un par de párrafos. ¿Qué paso con Cocksucker blues? Esta, sencillamente, no llegó a publicarse jamás, al menos de manera oficial. Suponemos que la buena gente de Decca la guardó en un cajón y lo cerró con llave, como si de una composición maldita se tratase. Esto, sin embargo, no pudo evitar que el tema fuese editado como single pirata en más de una ocasión. También corre el rumor de que en 1983 estuvo a punto de ser incluida en una caja recopilatoria que vio la luz en Alemania bajo el nombre The rest of the best. Sin embargo, esto nunca lo sabremos con seguridad. Lo que sí es cierto es que la banda debió de tocarla en directo en alguna ocasión y que se conserva una grabación de la misma, prolongada, enriquecida e interpretada junto al armonicista Sugar Blue como calentamiento previo a un concierto ofrecido en 1978.
Por supuesto, la carrera del tiempo ha actuado a favor de esta historia y la democratización de las redes de comunicación, Internet mediante, ha permitido que hoy en día todos podamos completar esta anécdota con una escucha de la irreverente criatura que le da nombre. Cocksucker blues no solo es accesible a golpe de YouTube sino que son varios los grupos que la han versionado e incluido en su cancionero habitual. De todos estos, destacamos la interpretación de los australianos Beasts of Bourbon.

Pues a mí me han censurado algunos artículos por mostrar algunas portadas de aquel entonces (desnudos, violencia, etc). Saludos
Vaya. Por el momento, yo no he tenido ningún problema con las imágenes. la verdad es que no entiendo por qué censuran imágenes que ya están circulando libremente en otras webs y son obras artísticas registradas y con autoría en firme.