LA PEOR CANCIÓN DEL MUNDO

LA PEOR CANCIÓN DEL MUNDO

No te puedes imaginar la cantidad de canciones que me hacen rechinar los dientes. El enorme montón de las que no puedo escuchar ni una nota. Y no hablo solamente de cosas que no gustan a casi nadie, de malas composiciones en el sentido más estricto de la palabra, no; me refiero también a temazos contrastados, a auténticos himnos intergeneracionales que hacen vibrar estadios completos y que en mí provocan reacciones cercanas a la ira y la arcada. Es así, es tan irreflexivo como universal, supongo. Porque a ti también te pasa, no disimules. Algunas veces te ocurre por criterio y otras por saturación, pero sabes de qué hablo. Así son las cosas. Partiendo de este hecho, todos tenemos nuestra firme candidata a la peor canción de la historia. Y a veces esta opinión visceral es compartida con tanta gente que puedes llegar a creer que no falta razón en tu juicio.

Porque, ¿qué hace que una melodía sea odiada por millones de personas? ¿Son realmente tan malos esos temas que todo el mundo se empeña en despreciar tan vehementemente? Es posible que sí; vamos a ver si llegamos a algún puerto.

El caso de Agadoo

En 2003, un comité de expertos reunido por Q Magazine dictaminó que el puesto de peor canción de todos los tiempos recaería en Agadoo, de la banda británica Black Lace. Todo aquel que sienta el impulso de constatar este hecho se dará de bruces con una melodía de aspiración caribeña, un tanto calipso, marcada por un ritmo facilón y repetitivo sobre el que se desarrolla una letra insípida y desprovista de mucha coherencia narrativa. Una composición, por otra parte, no muy alejada de la ya veterana tradición de las canciones del verano o de muchos otros hits repetidos ad nauseam en discotecas, verbenas y fiestas infantiles. Una llamada a la trepanación, algo que fue descrito como “magníficamente terrible”.

La peor canción del mundo, Agadoo

El origen de este tema hay que buscarlo en 1970, cuando los franceses Michel Delancray y Mya Symille componen Agadou sin ni siquiera poder imaginar la abundancia de daño que estaban causando. Por lo que sea, fueron muchos los que llegaron a versionar esta canción, entre ellos un grupo alemán llamado Saragossa Band que fue el primero en cantarla en inglés. De esta adaptación surge la que en 1981 harían los británicos The Snowmen. Se dice que los componentes de Black Lace conocieron esta última en un pub de Derby llamado Gossip y, desde este punto, decidieron forjar su propia visión de este Agadoo. Era el año 1984. 

Agadoo, al igual que el resto del repertorio de Black Lace, pertenece al género de las novelty songs: canciones fiesteras, ridículas, sin mucho sentido y ligeramente cómicas. Composiciones, en definitiva, que no están destinadas a sobrevivir a muchas generaciones de oyentes. El caso es que este tipo de creaciones acostumbran a tener mucho más recorrido del que pudiese imaginarse a simple vista y, así, Agadoo se convirtió en todo un fenómeno de masas que llegó a alcanzar el número dos en Reino Unido y se mantuvo en el Top 75 durante treinta semanas consecutivas. Del single llegaron a venderse más de un millón de copias en todo el mundo, especialmente en Francia, Reino Unido, Sudáfrica y Australia. Todo esto, además, sin el apoyo de la BBC, que se negó a radiarla debido a su falta de credibilidad.

Por un lado, era terrible, pero al mismo tiempo pocos se resistían a mover las caderas al ritmo de esa melodía que animaba a empujar la piña y sacudir el árbol. En 2000, la revista Dotmusic llegó a la conclusión de que era la cuarta copla más molesta de todos los tiempos. Como ya hemos aventurado, Q Magazine la definió como la peor canción de la historia y dijo de ella que sonaba “como una fiesta escolar a la que te obligan a asistir, como tus parientes de mediana edad formando una conga en una boda, como la actuación de un dj itinerante en Wolverhampton; como todos los clichés de fiesta que alguna vez hayas escuchado”. Algunos, además, llegaron a bautizarla como “Aaaaarghadoo”.

El consenso general estaba claro, la humanidad había dado con la forma más baja de creación musical.

Sin embargo, su éxito fue imparable durante una buena dosis de tiempo. En una ocasión, se cuenta, la policía tuvo que intervenir en una fiesta de cumpleaños donde se produjo una violenta pelea ocasionada por la conveniencia de que el dj pinchase o no Agadoo. Este episodio se saldó con tres arrestos y un agente herido. Todos amaban y odiaban la canción. El crítico Garry Mulholland llegó a escribir sobre ella que “si eres tonto, o estás borracho, o eres un niño pequeño y todo lo que quieres es algo que se te quede pegado en la cabeza, entonces está bien”.

Y Agadoo continuaba cabalgando a través de los amplificadores. Georgie Dann compuso su propia versión en español, pero la melodía pudo escucharse en muchísimos otros idiomas: finlandés, búlgaro, holandés, checo, sueco, portugués, estonio, tailandés o griego, por mencionar algunos de ellos. Dene Michael, uno de los componentes de Black Lace, fue encarcelado durante unos meses en 2016 por evasión fiscal. Ahí, entre rejas, no lo pasó del todo mal ya que pudo entablar amistad con toda clase de traficantes y asesinos que constantemente le pedían que cantase su incuestionable gran éxito. En una ocasión, dice él mismo, logró coordinar una conga con cerca de sesenta presos.

La peor canción. Conga

Así, la peor canción jamás escrita sonó insistentemente a lo largo de las décadas. Sin embargo, toda esta historia suscita algunas preguntas. Principalmente, ¿merece realmente Agadoo semejante reconocimiento? La respuesta, al menos para alguien cuyos tímpanos han resistido sin mácula frente al bombardeo cuasi omnipresente de su ritmo tropical, es un rotundo no. A mí se me ocurren mil cosas más dañinas que llevarme al oído, aunque los temas de Black Lace no vayan a estar presentes en mi radar al menos que me vea obligado a organizar algún tipo de orgía caribeña.

Tras las huellas de la peor canción

El caso es que esta no es la primera vez que alguien trata de dirimir cuál es la peor canción jamás escrita. Una tarea sin duda ardua porque, ¿bajo qué preceptos se realiza la criba? Entre los intentos más loables nos damos de bruces con dos listados: “50 most awesomely bad songs ever”, de VH1, y “Run for your life! It’s the 50 worst songs ever!”, de la revista Blender. Ambas tienen puntos en común como, por ejemplo, coincidir en los cinco primeros puestos: We built this city, de Starship; Achy breaky heart, de Billy Ray Cyrus; Everybody have fun tonight, de Wang Chung; Rolling, de Limp Bizkit; y Ice ice baby, de Vanilla Ice.

La peor canción, portada

Por lo demás, estos compendios de lo menos digno de la industria musical incluían otras entradas que no dejan de ser sorprendentes. Hablamos de cosas como What’s up, de 4 Non Blondies; Two princes, de Spin Doctors; The end, de The Doors; Barbie girl, de Aqua; The sounds of silence, de Simon & Garfunkel; We didn’t start the fire, de Billy Joel; My heart will go on, de Celine Dion; o I’d do anything for love, de Meat Loaf, por poner solo unos pocos ejemplos. Y es que resulta chocante que para hablar de las peores canciones haya que recurrir siempre a éxitos incuestionables, a temas que todos reconocemos sobradamente y que en el fondo sabemos que no tiene cabida en esos sacos. Independientemente de que sean o no de nuestro agrado, o de que al escucharlos sintamos el impulso de profanar nuestros conductos auditivos con un taladro percutor.

Qué difícil resulta ser objetivo

El caso es que ser juez en esta misión no parece una tarea sencilla. Al final, siempre primarán los propios prejuicios del seleccionador, además de sus sesgos auditivos, sus propios gustos. En la mayoría de los casos, el hecho de detestar una composición viene determinado por la saturación. Ya hemos visto el caso de Agadoo, pero existen otros casos como el de You’re so beautiful, de James Blunt, que en 2004 fue sentenciada como una de las baladas más cansinas e irritantes de la historia tras aparecer en cada rincón, bajo cada piedra, tras cada sombra. Yo, personalmente, no soporto We will rock you ni The final countdown, entre muchas otras. Sin embargo, jamás se me ocurriría añadirlas a una colección de malas composiciones que pretenda ser objetiva; tal vez sí a una de canciones que odiar con todas mis fuerzas, o de temas que incitan a destrozar el tocadiscos con un martillo pilón, eso sí.

Llegados a este punto, tal vez convenga aclarar que este discurso no pretende ser una defensa a ultranza de la música mediocre. Hay canciones celebérrimas que además son malas hasta el agotamiento, esto es así y nadie puede cambiarlo. Sin embargo, el basto universo de la producción musical (en todos sus géneros, en todas sus vertientes) es demasiado ancho como para determinar con aplomo cuál es la peor canción del mundo. Seamos francos, tras escuchar Agadoo todos podremos nombrar un buen puñado de títulos que son objetivamente inferiores; tanto en composición, como en interpretación o producción. Aunque sean canciones infantiles, incluso anuncios de televisión, hasta valdría algo de Kiss.

La peor canción. Fiesta

Por supuesto, cualquier investigación que comience con el propósito de buscar la peor canción de la historia no debe ser tomada como otra cosa que un mero divertimento. Es el poder de los listados y de las sentencias elevadas por personajes con un reconocido sentido de lo crítico lo que hacen que estos catálogos adquieran a veces mayor relevancia de la merecida. Al final, todo tiene su lugar y debe estar contextualizado de acuerdo a su entorno y sus objetivos. Agadoo es mala, pero también hay que tener en cuenta que el grupo que la interpreta ha llegado a ser presentado bajo la siguiente sentencia: “Si estás buscando la banda con menos credibilidad del mundo, aquella cuyo nombre hace que la gente se estremezca, no vayas más allá de Black Lace (…), que grabarían casi cualquier cosa sin importar el daño que hiciese a su imagen”.

Ahora sí, de verdad, la peor canción de todos los tiempos

Sin embargo, en 1997 los artistas Komar and Melamid se unieron al compositor Dave Soldier para superar la barrera del criterio subjetivo y tratar de tamizar, según el método más facultativo posible, cuáles serían los ingredientes necesarios para construir la peor canción del mundo. Para ello realizaron un exhaustivo estudio de campo en el que cerca de quinientas personas definían punto por punto su particular idea de la pieza musical más y menos deseada. Tras identificar una cantidad suficiente de elementos, contactaron con la letrista Nina Mankin para dar forma a todo lo que habían recolectado.

The most unwanted song fue el resultado del experimento. Se trata de un tema largo, de más de veinte minutos, que cuenta con componentes como gaitas y tubas, una soprano rapeando, música atonal, melodías publicitarias, eslóganes políticos, letras que hablan de cowboys y un coro infantil que anima a ir de compras a Walmart. Para que luego te quejes de la radiofórmula.

Imágenes de Gatis Gribust, San Diego City College, Eelke y Sigckgc.

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