
HIPGNOSIS, O EL ARTE DE SABER HACER PORTADAS
Las consideraciones gráficas importaron más bien poco mientras duró la prehistoria de la industria discográfica. Bastante tenía la gente con cargar con esos pesados cilindros de metal que eran los discos de los fonógrafos como para preocuparse por la belleza del envoltorio. Poco a poco la cosa fue cambiando. Se descubrió el fuego, por así decirlo, y los discos modificaron su apariencia hasta fabricarse en materiales más asequibles al mismo tiempo que se adoptaron formatos que permitían una mayor absorción de algo parecido al marketing. Llegó el vinilo tal como lo conocemos hoy en día y este se decoró con toda clase de ilustraciones y fotografías. Las portadas ya eran una realidad que jugaba a favor de los departamentos comerciales de aquellas compañías dedicadas a realizar música en formato físico. El negocio avanzaba inexorablemente gracias en parte a este perfecto maridaje entre lo que suena y lo que se ve. Sin embargo, a finales de la década de los sesenta del siglo XX se dio un importante punto de inflexión en esta historia que cambiaría para siempre la manera de comprender y concebir el arte de las portadas de discos. Nos referimos a Hipgnosis.
Un grafiti, dos compañeros de clase
La pintada estaba en el muro del edificio donde vivían. Se trataba de una sola palabra, Hipgnosis, que por sí misma fue capaz de trasladar una potente carga conceptual en la imaginación de sus espectadores. Storm Thorgerson recibió de ella una “agradable sensación de contradicción” entre la noción de lo guay, reflejado en las tres primeras letras, y el conocimiento pleno que derivaba de ese “gnosis”. Así que decidió quedársela y utilizarla para bautizar el nuevo proyecto que iba a emprender junto a su compañero Aubrey Powell.
Thorgerson y Powell formaban un tándem perfectamente equilibrado desde sus pasos conjuntos como estudiantes en Cambridge. Mientras el primero se había especializado en el arte de la fotografía y el cine, Powell seguía la rama del diseño gráfico. El temperamento impulsivo, derrochador y algo intransigente de Thorgerson quedaba compensado por el estilo de Powell, más frío y analítico que el de su socio. Así, ambas personalidades se balanceaban con armonía y aportaban planteamientos artísticos que encajaban con la misma seguridad que lo hace la última pieza de un puzzle.

Volviendo al grafiti en el muro del edificio, se dice que su autor fue el compañero de piso de Thorgerson y Powell, un joven músico llamado Syd Barrett. Este hecho nunca ha sido verificado por completo, pero tampoco es importante. Lo que sí resulta relevante es que gracias a Barrett, Hipgnosis recibiese su primer encargo profesional: la portada y el apartado gráfico del segundo disco de Pink Floyd: A saucerfull of secrets. Estamos en 1968.
De cómics, portadas y nuevos paradigmas
Para crear la carátula de este álbum, Thorgerson y Powell afilaron todo su arsenal y prepararon algo tan innovador como surrealista. Un total de trece imágenes diferentes fueron superpuestas para crear un cosmos onírico con pocos precedentes basado en una viñeta del cómic Strange Tales número 158, donde el superhéroe Doctor Strange charla sobre el destino del planeta Tierra con una entidad llamada Tribunal Viviente. Antes de Pink Floyd, solamente The Beatles habían logrado obtener permiso de EMI para contratar a diseñadores externos a la plantilla de la compañía.

El debut de Hipgnosis no pudo ser más prometedor. En él ya se manifestaba todo aquello que haría diferentes a sus trabajos. Hasta la fecha, lo habitual era que las portadas de los discos incluyesen una fotografía de los componentes del grupo. Las imágenes podían ser más o menos originales, pero la norma era esa. A partir de este momento comenzó a definirse una nueva manera de plantear el arte asociado a la música en la que, además de contar con técnicas poco habituales, el testimonio de los artistas resultaba imprescindible para comprender lo que estos querían transmitir mediante sus composiciones.
Thorgerson y Powell hicieron gala de una soberbia creatividad durante un tiempo en el que las portadas transmitían mucho y eran más importantes de lo que lo son en la actualidad. Gracias en parte a su trabajo, la identidad visual de un disco se convirtió en parte fundamental de la experiencia musical íntegra, del juego completo que incluía las composiciones y la plasmación gráfica de lo que estas pretendían trasladar. En muchas de sus creaciones, Hipgnosis hizo suyos los preceptos del surrealismo mediante la deformación de la realidad y la ubicación de elementos cotidianos fuera de su contexto natural. El objetivo siempre fue impactar al espectador con imágenes que solían ser retocadas o modificadas utilizando toda clase de técnicas analógicas de tintado, deformación, montaje, decoloración o composición en collage. Una nueva era, en definitiva, del diseño gráfico asociado a la música.
Los prometedores comienzos de Hipgnosis
Tener a Pink Floyd como primer cliente puede parecer el equivalente a irrumpir en el negocio reventando la puerta principal con un ariete. Sin embargo, conviene tener en cuenta que en 1968 el grupo estaba aprendiendo a caminar y su presencia no era todavía tan relevante como lo sería en un futuro cercano. Pero la aventura de Hipgnosis ya había arrancado. Thorgerson y Powell inauguraron su oficina en el Soho londinense, en el número seis de Denmark Street, y ahí continuaron desarrollando su labor. Durante los siguientes años dieron a luz portadas tan reconocibles como las de More, Ummagumma y Atom heart mother, todos ellos discos de Pink Floyd; The gods, para Genesis; The madcap laughts, de Syd Barrett; el icónico Electric warrior de T-Rex o esa exhibición de comida y larvas que fue Toe fat two.

Hipgnosis fue ganando en recursos y confianza mientras el dinero comenzaba a entrar en cantidades cada vez mayores. Con la seguridad que aporta la experiencia y el capital acumulado se emprendieron acciones cada vez más arriesgadas que acostumbraban a implicar considerables dispendios económicos y logísticos. Así, los métodos atípicos pasaron a ser parte de su identidad de marca y algunos de sus proyectos se convirtieron en auténticas aventuras en pos la fotografía perfecta.
Desiertos, ovejas, montañas nevadas y hombres en llamas
El disco Elegy, de The Nice, fue un buen ejemplo de esta novedosa mecánica laboral gracias al diseño de una portada que requirió montar toda una instalación artística en pleno desierto del Sahara. Para ello se trasladaron hasta ahí varios balones rojos que fueron ubicados, uno tras otro, a lo largo de la cresta de varias dunas. Bajo la constante amenaza de que las pelotas fuesen desinflándose o estallasen por culpa del calor, se logró la iluminación oportuna para tomar la imagen adecuada y crear así la portada deseada. El resultado, aparentemente simple bajo el prisma actual, llamó la atención por su arriesgado e innovador planteamiento. Según Thorgerson, “causó conmoción, nos dimos cuenta de que podíamos hacer land art y venderlo como la carátula de un disco”. Este fue uno de los primeros trabajos que definió la filosofía de la empresa; ninguna idea era lo suficientemente descabellada si había tiempo y medios para realizarla.

Unos pocos ejemplos adicionales bastarán para ilustrar esta manera de pensar. Wish you were here, de Pink Floyd, fue editado en 1975 y en su portada puede verse a dos hombres trajeados propinándose un firme apretón de manos mientras uno de ellos está en llamas. Los figurantes son dos especialistas de cine y el fuego es totalmente real; ese hombre está literalmente ardiendo. Dos años después, el siguiente trabajo de la banda también volvió a requerir la imaginación de Hignosis, así como un francotirador real y un gigantesco cerdo volador que sembró el caos en el espacio aéreo londinense durante unas pocas horas.
En 1976, el grupo 10cc publicaba Look here? Para ilustrar este disco se decidió acomodar una oveja sobre un diván y retratarla a orillas de una playa hawaiana. Uno podría pensar que lo más sensato sería conseguir una oveja británica y hacer pasar cualquier litoral del sur de Inglaterra por las costas de Honolulu. Sin embargo, se prefirió cargar el ya mencionado animal en un avión y trasladarlo al centro del océano Pacífico para poder tomar la instantánea en una auténtica playa de Hawái. Lo más chocante de este episodio es que en el diseño definitivo se redujo la imagen a una insignificante miniatura colocada sobre un fondo negro donde podía leerse “Are you normal” escrito en enormes letras que ocupaban toda la superficie del cartón. Solo la carátula de la versión estadounidense del álbum mostró a tamaño completo la fotografía del animal sobre el diván y prescindió del resto de elementos.
Una última antes de volver a la narración principal. En 1978 sale a la luz Wings greatest, el primer recopilatorio del grupo liderado por Paul MacCartney. Parece ser que Linda McCartney se había hecho con una escultura en oro y marfil realizada por el artista rumano Demetre Chiparus. La idea era que esta obra fuese la imagen principal del disco, pero que estuviese ubicada en una montaña nevada. Así que, para ello, el equipo se trasladó hasta una cima de los Alpes suizos con el propósito de colocar el objeto sobre un montón de nieve y poder tomar una imagen en el entorno más adecuado posible. A simple vista, podríamos pensar que la escultura es de gran tamaño. Sin embargo, basta con fijar la vista en la portada de Back to the edge, donde la figura también aparece, para percatarnos de su pequeñas dimensiones.

1973. El año de Hipgnosis
Cuando estas portadas fueron diseñadas, el reconocimiento de Hipgnosis era ya tan universal como indiscutible. Podían hacer lo que quisieran, por así decirlo. Pero la fama real les había llegado un poco antes, en 1973. Este fue un año en el que recibieron encargos relevantes como Houses of the holy, de Led Zeppelin. Aquí, Thorgerson y Powell hallaron su dosis de inspiración en la novela de Arthur C. Clarke El fin de la infancia y viajaron hasta la Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte, para realizar un collage fotográfico a base de niños desteñidos que todavía a día de hoy es considerado como una de sus obras más singulares.

Pero si 1973 es considerado como el año de la consagración fue sin duda gracias a uno de sus máximos benefactores. Nos referimos, cómo no, a Pink Floyd y su The dark side of the moon. De las conversaciones previas con la banda se extrajo que para este disco sería necesario algo más conceptual, minimalista y elegante. El diseño del prisma refractando luz dio lugar a una de las portadas con mayor carga icónica de la historia. No hay mucho que añadir, hablamos de un álbum con pase VIP a las listas de los más vendidos. Gracias a él, Pink Floyd alcanzaron un estrellato del que ya pocas veces se bajarían e Hipgnosis, artífices de todo el apartado gráfico, se convirtieron en quienes deseabas poder contratar para crear la imagen de tu próximo disco.
Sangre nueva
La consagración conlleva fama y esta trae nuevos encargos que se traducen en dinero. Inmediatamente después de The dark side of the moon, el estudio continuó trabajando para artistas como Wishbone Ash, Humble Pie, Bad Company, UFO o Genesis, por mencionar unos pocos. Ya era habitual que esporádicamente se contase con la colaboración de profesionales como el diseñador y fotógrafo George Hardie. Sin embargo, 1974 pareció el momento adecuado para ampliar la plantilla fija.

De entre todas las candidaturas recibidas, la triunfadora fue la de Peter Christopherson. Además de diseñador, Peter era parte de un colectivo artístico multidisciplinar que recibía el nombre de COUM Transmissions y se empeñaba con ahínco en dotar de una nueva dimensión al concepto de lo provocativo. En esta línea, parece ser que el portafolio que entregó a Thorgerson y Powell incluía una serie de fotografías singularmente turbias donde podía verse a varios seres humanos en posturas grotescas y un tanto perturbadoras. Chritopherson fue contratado e Hipgnosis pasó a caminar sobre seis piernas. Tiempo después se supo que los modelos que el nuevo miembro había utilizado para sus imágenes de presentación eran en realidad cadáveres que descansaban, no tan tranquilamente, en una morgue donde este había trabajado.
Peter Christopherson no solo era el más joven del trío, sus planteamientos venían dotados de un mayor grado de vanguardismo y, además, era capaz de actuar como muro de contención cuando los egos diferenciados de sus dos socios entraban en fase de colisión. La incorporación trajo nuevos aires a Hipgnosis y los siguientes años se esfumaron codo con codo junto a lo más grande: Led Zeppelin, Black Sabbath, AC/DC, Wings, The Alan Parson Project, UFO, Al Steward, Bad Company, Electric Light Orchestra, Yes o Scorpions, entre muchos otros.

La nueva escena: punk y austeridad
Sin embargo, en 1977 algo comenzaba a tomar forma. Sex Pistols reventaron la escena con Never mind the bollocks y el punk se empeñó extender sus dominios a base de derruir lo establecido. Ya no hacía falta saber tocar la guitarra para hacer música del mismo modo que tampoco era necesario gastar enormes cantidades de recursos en una portada cuando podías recurrir a un diseño básico e igualmente llamativo. El movimiento punk se hizo imparable a base de nuevas bandas que se reproducían como champiñones en un terreno bien abonado a base de minimalismo, agresividad y más bien poca sutileza. Los grandes tótems de antaño se convirtieron en el objetivo de jóvenes que odiaban a Pink Floyd, a Genesis, a sus excesivos dispendios y a todo aquel que sonase asentado, profesional y ya fagocitado por el sistema. En esencia, la gran mayoría de clientes de Hipgnosis formaban parte de este perfil que, poco a poco, comenzaba a alejarse de las tendencias y modas juveniles.
Un novedoso universo cultural comenzaba a gestarse desde el lodo de los peores garitos londinenses. Aun así, la productividad de Hipgnois no se vio afectada y mientras el punk lo invadía todo, estos continuaron diseñando grandes portadas. Never say die!, de Black Sabbath; In through the out door, de Led Zeppelin; Peter Gabriel III, el de la cara derretida; Deceptive bends, de 10cc; Difficult to cure, de Rainbow; High ‘n’ dry, de Def Leppad; Go 2, XTC o Going for the one, de Yes, son simplemente algunos pocos y buenos ejemplos.

Otra década, el vídeo y el fin de Hipgnosis
Hipgnosis desapareció finalmente en 1983. Resulta que la nueva década había llegado con un arquetipo cultural bajo el brazo. Se trataba del vídeo musical como fenómeno de masas, gracias en gran parte a la aparición de MTV en 1981. Por iniciativa de Thorgerson, la compañía viró hacia la creación de contenido audiovisual; hacia el cine y los videoclips. El mismo Thorgerson era graduado en cine y Peter Christopherson tenía experiencia previa en el sector por lo que, a priori, la idea no parecía del todo descabellada. Así, en 1982 se crea Greenback Films, que durante su corta existencia rodó material para Robert Plant, David Gilmour, Paul Young o Yes.
Sin embargo, parece ser que Powell no se encontraba muy cómodo en este nuevo planteamiento, especialmente cuando Thorgerson tomó las riendas del asunto y comenzó a gastar como nunca lo había hecho con anterioridad, que ya es decir. El resultado fue demoledor y la división de vídeos tuvo que cerrar llevándose consigo las finanzas de sus asociados. Hipgnosis fue la principal víctima de sus propios excesos y se vio abocada al cierre en medio de un clima de tensiones tan denso que Thorgerson y Powell no se dirigieron la palabra durante más de una década.

Hipgnosis sin Hipgnosis. El legado
La vida tras Hipgnosis continuó por diferentes caminos. Powell y Christopherson formaron Aubrey Powell Productions y permanecieron vinculados al negocio de los documentales y el cine, tanto dentro de la compañía como cada uno por su propia cuenta. Al mismo tiempo, Christopherson fundó varios proyectos musicales, siempre transgresores, entre los que destaca Throbbing Gristle por ser considerado como precursor del rock industrial.
Storm Thorgerson no rompió su relación ni con el diseño de portadas en general ni con Pink Floyd en particular. Además de mantener el contacto con antiguos clientes de Hipgnosis, supo moverse entre las diferentes olas musicales y logró trabajar con gente tan diversa como Dream Theater, The Mars Volta, Bruce Dickinson, The Cramberries, Muse o The Offspring.

Visto en perspectiva, gran parte del éxito de Hipgnosis fue lograr que su trabajo trascienda el paso del tiempo. No todo su legado es inmortal, por supuesto; algunas de sus portadas se encuentran muy ajustadas a cánones estéticos de tiempos pasados y eso puede resultar chocante a ojos del espectador presente. Sin embargo, otra gran parte de su obra todavía es considerada como una fuente indiscutible de inspiración y referencias pop. Esto ha sido así para varias generaciones y, esperamos, lo seguirá siendo para las venideras.
Tal vez sin pretenderlo, Hipgnosis logró cambiar para siempre el modo de tratar el arte gráfico asociado a la música. Sus ideas iconoclastas han sido el germen de un paradigma asentado durante décadas. Y quién sabe, tal vez otros hubiesen hecho el mismo trabajo si ellos no hubiesen existido, eso no podemos saberlo. Pero fueron ellos y esta es su historia.

Muy buen artículo. He comentado muchas de sus portadas relativas a bandas de rock progresivo. Saludos
Gracias, Federico. Sí, muchas de estas portadas son de discos de los que entran en tu blog.