SLEEPWALKERS. BRIAN FALLON Y LAS LÍNEAS PARALELAS

SLEEPWALKERS. BRIAN FALLON Y LAS LÍNEAS PARALELAS

Hay momentos en los que un discreto movimiento lateral puede ser la clave para marcar la diferencia. Así, uno puede dar un ligero quiebro para alejarse de la vía principal y caminar por senderos menos transitados. La seguridad, sin embargo, quedaría garantizada si los lugares de confianza que hasta ahora hemos recorrido a diario permanecen siempre a la vista. Como la luminaria de un faro que permite al intrépido navegante mantener la proa ligeramente enfocada hacia las oscuras aguas interiores sin alejarse nunca de la costa que lo vio nacer. Y tal vez esta no sea la metáfora más acertada, lo sé, pero algo así es lo que Brian Fallon logró con Sleepwalkers; adoptar nuevos sonidos a su imaginario para crear algo reconocible y ajeno al mismo tiempo, algo que le permitiese avanzar mientras los fantasmas de su pasado parecían haber pactado una tregua, el menos momentánea.

Los proyectos paralelos

De alguna manera, parte de la carrera de Brian Fallon se había desarrollado dejando a su paso las bases para la creación de una especie de multiverso de carácter personalista. Por un lado, su faceta más reconocible era la de voz y principal ariete compositivo de The Gashlight Anthem. Sin embargo, los síntomas de agonía del grupo y las más que evidentes señales de bajón emocional fueron el progresivo detonante para que el de Nueva Jersey fuese abriendo discretos portales hacia proyectos paralelos donde él siempre era la bombilla con más vatios.

Brian Fallon

El músico aprovechó el lapso de tiempo entre la publicación de American slang y la grabación del siguiente álbum de The Gaslight Anthem para armar las piezas de un nuevo proyecto junto al guitarrista Ian Perkins. El resultado fue The Horrible Crowes y aquí, Fallon mostró su faceta más introspectiva y minimalista; escorando la música más hacia Waits que hacia Springsteen. Posteriormente, la salida al mercado de Handwritten, el último gran trabajo de su banda matriz, estuvo sucedida por episodios de corte depresivo y otros atolladeros de carácter personal. Brian Fallon quedó tocado emocionalmente y, suponemos, un tanto agotado profesionalmente. El escape fue una nueva aventura musical, con una orientación conservadora, aunque quizás un tanto más folk, que llevó por nombre Molly & The Zombies. Este grupo, sin embargo, se plantea como algo escapista, como una excusa para tocar en directo bajo un espíritu menos encorsetado por el abrazo de la popularidad. Estamos en 2013.

El inicio de una carrera en solitario

Como ya es sabido, The Gashlight Anthem sucumbió a la extinción temporal en 2015 y fue entonces cuando Fallon plantó la semilla de su carrera en solitario; al menos bajo su propio nombre. El primer disco de Brian Fallon como tal fue publicado en 2016 y obtuvo una recepción generalmente favorable por parte de muchos antiguos seguidores que ansiaban una línea continuista. Las canciones de Painkillers, que así se llamaba la criatura, habían sido gestadas de manera previa a la separación de The Gaslight Anthem y, tal vez porque nunca se desechó la posibilidad de que estas formasen parte de un nuevo disco de la banda, sonaban cálidas y confortables para los fanáticos de largo recorrido. Por supuesto que la actitud del músico era ligeramente diferente, más orientada a los pasajes de otros cantautores punk-rock-folk como Frank Turner o Chuck Ragan, pero el conjunto era, en esencia, reconocible.

Pero dentro de Brian vivía algo que se retorcía bajo la forma de arrebatos melancólicos, de esos que terminan por confluir en crisis emocionales, divorcios y demás lugares comunes del imaginario depresivo. La última época de The Gaslight Anthem fue en parte un reflejo de su estado de ánimo y la desbandada posterior, evidentemente, bebía mucho de estas mismas fuentes. Al igual que muchos habían hecho con anterioridad, Fallon recurrió al bálsamo milagroso de la música; a los conciertos y los nuevos proyectos en solitario que cubrían el papel de parches para el alma. No es necesario ser un titán del procesamiento lógico para revelar lo sintomático del hecho de que su primer disco en solitario se llamase Painkillers. Sin embargo, frente a la creencia popular de que la música es potencialmente sanadora, siempre hay que tener en cuenta que esta no acostumbra a recetarse por prescripción facultativa.

Y poco a poco, suponemos que con tiempo, canciones y terapia, la resolución de estas crisis emocionales fue manifestándose a través de pequeños signos cotidianos que debieron de insuflar en nuestro protagonista los arrebatos necesarios para crear algo ligeramente diferente. Así, un 9 de febrero de 2018, Brian Fallon presenta Sleepwalkers.

Brian Fallon, Sleepwalkers y las nuevas sendas

Las evidencias de este cambio ya quedan claras en los primeros compases que suenan tras bajar la aguja. If your prayers don’t get to heaven abre con un ritmo alegre; chasquidos de dedos, una guitarra juguetona y el sonido de un órgano que se vuelve omnipresente, como fondo, durante todo el minutaje del disco. Lo que inmediatamente llama la atención es una clara influencia de estilos que hasta la fecha solo habían formado parte del imaginario del artista de manera más bien discreta. En Sleepwalkers, Brian Fallon recurre sin miramientos a ese soul, rhythm & blues y pop tan reconocible como parte del sonido Motown. Sin embargo, en ningún momento se deja de mirar al pasado y todo se construye desde los cimientos de su propia carrera, del rock enérgico tan castizo y de tradición obrera (aunque no por ello político) por el que The Gaslight Anthem habían apostado desde sus orígenes.

Brian Fallon, Sleepwalkers

Sleepwalkers es sin duda el disco más positivista de su autor, al menos en el apartado musical. Su prosa no se aleja demasiado de las narraciones habituales y aquí se habla de la complejidad de las relaciones de pareja, de la impronta del pasado o de cómo superar determinados escollos que la vida va sembrando a su paso. Los relatos suelen presentarse en primera persona, como si de vivencias reales se tratasen, y en ocasiones se alude directamente a nombres propios como Lily o Stacy. Esta forma de tratar el texto tan común en la operatividad de casi cualquier cantautor, acrecienta la sensación de veracidad en todo aquello que sale por la boca de Brian Fallon. Y, por supuesto, no dudamos de que su relato se contagie en gran medida por la verdad. No en vano, es muy probable que esa Stacy a la que ya hemos aludido sea la misma Stacy que se convirtió en la segunda esposa del cantante poco antes de la grabación de este conjunto de canciones.

Con Sleepwalkers, Brian Fallon pareció reflectar ciertos niveles de paz espiritual que habrían llegado recientemente a su vida. Sonoramente se trata de un trabajo más fresco, variado y divertido que sus anteriores entregas. Hay mucha más luz canalizada a través de dosis de inspiración soul y una mayor variedad de instrumentos como sintetizadores, pianos, saxofones y órganos. Para la canción que da nombre al disco, sin ir más lejos, se recurre a la colaboración de Preservation Hall Jazz Band, un conjunto de música tradicional de Nueva Orleans fundado durante la década de los años sesenta del siglo XX. Por supuesto, también hay espacio para la melancolía o las melodías lentas y pringosas. Pero si la música es un reflejo del alma de su autor, hay poca duda de que en 2018 Brian Fallon comenzaba a rehacer su vida.

Sleepwalkers, de Brian Fallon, opiniones para todos los gustos

Una vez que el disco estuvo en la calle no fueron pocos los que lo acogieron con gracia. Sin embargo, la recepción de Sleepwalkers fue en parte tibia y gran parte de crítica y público no pareció dejarse empapar por esta nueva propuesta de Fallon. Los que más, le criticaban el haberse salido del itinerario que se le presuponía; no haber creado algo que sonase mayoritariamente a The Gaslight Anthem. Ya se sabe que la sombra de la fama es densa y pegajosa, tanto que muchas veces cuesta asimilar el hecho de que un artista pueda recurrir a su libertad creativa como le venga en gana. Y vaya por delante que no estamos frente a un trabajo perfecto, tanto que este bien podría tildarse como irregular si tenemos en cuenta algunos altibajos que encontramos a mitad de trayecto. Pero la realidad es que hablamos de algo muy notable, de un álbum que apuesta sin arriesgar demasiado y que, aun así, logra sonar diferente y ameno.

Esta obra de recuperación emocional prometía un futuro esperanzador repleto de jugosas composiciones que, sin embargo, terminó por presentarse bajo otros ropajes. En 2020, Local honey nos trajo una colección de canciones minimalistas y acústicas; tal vez un vano intento por alcanzar su particular Nebraska que, sin resultar insatisfactorio, sorprendió por su simpleza. Tan solo un año más tarde, Fallon se unió a esa horrenda tradición cada vez menos estadounidense para grabar una tan insulsa como prescindible colección de villancicos y salmos religiosos. Su último movimiento ha consistido en la tan ansiada reunión de The Gaslight Anthem y la edición en 2023 de un descafeinado trabajo de regreso, así como el anuncio de una gira mundial de esas que reducen el planeta a tan solo tres o cuatro países.

Vistas las cosas, aquí nos seguimos quedando con Sleepwalkers, el último gran trabajo de Brian Fallon hasta la fecha.

Imagen en directo de Ungry Young Man.

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