RIOT GRRRL. LAS CHICAS AL FRENTE
Antes de que el mundo escuchara, ellas ya estaban gritando. No pidieron permiso ni esperaron invitación alguna. Con guitarras y fanzines fotocopiados, con rabia y urgencia, con tinta y distorsión, entre todas prendieron la chispa de un movimiento que era tanto una voz de alarma como una declaración de guerra. No solo era punk, no solo era feminismo, no solo era un puñado de canciones a todo volumen. Se trataba de todo eso al mismo tiempo; una escena cimentada a partir de discursos ignorados que ahora se abrían camino hacia la superficie bajo el nuevo estandarte de las Riot Grrrl.
Desde Olympia, Washington, USA
El germen de este levantamiento tiene su epicentro en Olympia, capital del estado de Washington y un ferviente núcleo de actividad universitaria. Nos situamos a comienzos de la década de los noventa del siglo XX, en un momento bisagra marcado por la adopción de nuevos roles que buscaban dotar de una mayor trascendencia a la realidad sociocultural abotagada y complaciente que dominó el tramo final de los ochenta. Dentro de este contexto, una gran parte del pueblo había dado por superado el feminismo; la igualdad, pensaban, ya estaba más que alcanzada y todo lo referente a este tipo de reivindicaciones debía ser relegado a los libros de historia. Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con esta idea ya que, más allá de los logros alcanzados en aspectos sufragistas, educacionales, laborales, familiares o legales, quedaba todavía mucho camino por recorrer.

La nueva ola se gestó a través de contactos y acciones en la sombra. De un activismo que sellaba sus influencias en el movimiento punk de los setenta y crecía siguiendo los estándares del do it yourself, de las redes de apoyo y la comunicación paralela a los grandes canales establecidos. Así, desde el corazón de Olympia comenzó a desarrollarse un movimiento sólidamente activista que buscaba poner de manifiesto toda una serie de reivindicaciones pendientes sobre el papel de la mujer en la sociedad del momento; cuestiones relativas al desprecio o las agresiones, a los abusos y a la libertad sexual.
De fanzines y manifiestos
Ante la indiferencia generalizada de los medios de comunicación, se establecieron tejidos autogestionados donde los fanzines ocupaban un lugar preeminente. Estas publicaciones se escribían a mano o a máquina en folios grapados entre sí para luego ser fotocopiadas y distribuidas directamente entre el tejido local. Algunos de los pioneros fueron Jigsaw, Girls Gems o Bikini Kill. En este último coincidieron varias de las precursoras del movimiento: Tobi Vail, Kathi Wilcox o Kathleen Hanna, quienes fundaron casi al mismo tiempo la famosa banda punk de idéntico nombre.

Fue en el número dos de Bikini Kill donde se divulgó el manifiesto Riot Grrrl, una declaración de principios donde se señalaba, entre otras cosas, que “las chicas morimos por libros, discos y fanzines que nos hablen a nosotras, nos incluyan y que podamos entender a nuestra manera. (…) Porque debemos tomar el control de los medios de producción para crear nuestras propias quejas”. Si bien este manifiesto no tiene por qué considerarse como el comienzo del movimiento, sí resulta imprescindible para comprender su naturaleza.
La importancia de la música en el movimiento Riot Grrrl
En líneas generales, esta nueva avalancha feminista se presentó como una amplia subcultura que abarcó desde el activismo político y cultural hasta la expresión artística en sus múltiples facetas. La música, en este sentido, ocupó un puesto de honor que buscó continuar con mayor intensidad y compromiso los pasos de pioneras como Janis Joplin, Patti Smith, Joan Jett, Siuxie Sioux, The Slits o Chrissie Hynde. Las principales precursoras del Riot Grrrl eran aficionadas al punk y el rock que veían cómo su papel siempre quedaba relegado a un segundo plano; al de groupies o novias de los músicos en el mejor de los casos. Desde las grandes estrellas hasta los magnates del negocio, la industria de principios de los noventa era profundamente masculina y ahí era habitual encontrar densos muros que minaban la capacidad de las mujeres para destacar por sí mismas frente a tanta capa de testosterona, pese a las excepciones de grupos como L7 o Babes in Toyland.

Así, desde el subsuelo comenzaron a establecerse nuevos contactos y sólidas redes de colaboración. En 1991 nace el fanzine Riot Grrrl con integrantes de unas cuantas bandas punk que destacaban por su militancia y activismo. Hablamos de grupos como Bikini Kill, Bratmobile, Huggy Bear o Heavens to Betsy, formaciones que desde un primer momento decidieron tomar las riendas y ofrecer a quien quisiera verlo una clara imagen de independencia. “Bombardear el centro neurálgico de la falocracia del rock”, como llegó a afirmar Kim Gordon en su día.
Nuevos entornos para un nuevo feminismo
El movimiento Riot Grrrl se nutrió de toda clase de bandas femeninas que abrazaron los preceptos de autogestión para expresarse con total libertad. Desde una perspectiva mucho más activista que intelectual, el nuevo feminismo se popularizó a través de los mismos medios que el punk había utilizado para democratizar la música a finales de los años setenta. Poco a poco comenzaron a conquistarse espacios y a crearse entornos seguros. Los conciertos de Bikini Kill arrancaban con un llamamiento a que las chicas ocupasen las primeras filas. Este girls to the front no tardó en adoptarse como un emblema que evidenciaba los roles que esta generación buscaba asumir.
Uno de los puntos de eclosión de la corriente sucedió en agosto de 1991, en la misma Olympia. Calvin Johnson y Candice Pedersen, propietarios del sello K Records, organizaron un evento de seis días de duración bajo el nombre de International Pop Underground Festival. La noche inaugural estuvo íntegramente formada por bandas de chicas que se agruparon bajo el lema Love Rock Revolution Girl Style Now. La jornada supuso una clara oportunidad para asentar las bases del movimiento y evidenciar que, aunque discretamente, algo estaba cambiando.

El carácter Riot Grrrl se disparaba desde el ímpetu juvenil y venía desprovisto de sutilezas. En él había una clara e implícita idea de lucha, reivindicación y activismo fuertemente combativo. Las letras de sus canciones hablaban sobre los roles sexuales, sobre la violación, el desprecio y las agresiones sufridas. En las actuaciones en vivo era frecuente que el escenario fuera invadido por asistentes que tomaban el micrófono para denunciar situaciones o elevar consignas y llamadas a la acción.
Retos y vigencia del movimiento Riot Grrrl
Sin embargo, todavía quedaba mucho camino por recorrer. En 1992 tuvo lugar la primera convención Riot Grrrl con una afluencia aproximada de doscientas mujeres; pocas pero ruidosas y comprometidas. El carácter avasallador de este nuevo paradigma feminista incomodaba a muchos y provocaba que la escena de Olympia fuese desprestigiada por gran parte de los medios que se hacían eco de ella. Sin embargo, esta contó con soportes incondicionales en otros ambientes como el del hardcore, con el que compartía lo impulsivo y lo combativo, o con algunos elementos del creciente grunge que se desarrollaba a tan solo una hora de carretera en dirección norte. En este sentido, Nirvana fue uno de los grupos que más apoyó su labor y, no en vano, conviene recordar que la propia Kathleen Hanna, de Bikini Kill, fue la autora de esa profética pintada que rezaba “Kurt smells like Teen Spirit”.

Las bandas pioneras plantaron una semilla de la que posteriormente florecieron otras agrupaciones como Excuse 17 o Team Dresch, grupos que contribuyeron a llevar el estandarte Riot Grrrl a lo largo de Estados Unidos y otras zonas de América o Europa. A partir del punk más crudo, el movimiento evolucionó alcanzando otros sonidos pero sin perder nunca ese carácter político, social, combativo y reivindicativo que desde entonces lo distingue de aquello que comúnmente se engloba bajo el reduccionista apelativo de bandas de chicas o foxcore.
La corriente Riot Grrrl fue en parte la levadura de lo que se dio a conocer como tercera ola del feminismo. Aquí, la música actuó como catalizador de algo mucho más amplio que logró sentar la base sobre la conciencia de problemas que hasta la fecha habían sido ignorados por buena parte de la población. Sobre el principio de la identidad se trató de replantear el papel de la mujer en la sociedad desde una perspectiva mucho más amplia, integradora y conectada.

Pasadas las décadas, las reivindicaciones de las Riot Grrrl siguen tan vigentes como en los primeros tiempos. Tal vez los fanzines hayan dado paso a los blogs y las redes sociales; quizás el punk se haya diluido entre a otros sonidos, pero sus demandas y su esencia resultan igualmente necesarias.
Foto en color de Bikini Kill de Raph_PH.

Hola, querido.
Pucha que da gusto leer artículos concisos y claritos como éste. Me da gusto encontrar por fin algo sobre las Riot Grls en estas fechas, que es donde más deberíamos tenerlas presentes, pero las radiodifusoras parecen estar más pendientes de las únicas mujeres rockeras que conocen (todo bien con ellas también, por cierto, pero el universo es más variado).
Creo que la influencia del movimiento ha sido bien transversal, y varias veces ha pasado por nuestras narices sin darnos cuenta. Kathleen Hanna y en particular todo este personaje englobado en la “Rebel Girl” fue inspiración para el personaje de “Whatsername” en American Idiot y 21st Century Breakdown de Green Day. También ha sido mencionada en canciones de IDLES o NOFX. Una leyenda viviente.
Por cierto, hace relativamente poco también lanzó su autobiografía. Todavía no la leo, pero una vez que lo haga quizá pase con mi recomendación por aquí.
Gracias por esta entrada. Un saludo que cruce el charco!
Hola, Fran
Muchas gracias por tu comentario. Como bien dices, es necesario reivindicar la figura de estas mujeres. Fueron la parte más visible de un movimiento mucho más amplio y con unas demandas que, tristemente, siguen vigentes hoy en día. Conozco el libro que mencionas, aunque no lo he leído (ya estén escritas o filmadas, las biografías tienen algo que me despierta rechazo, sean de quien sean; es algo que no puedo evitar ni corregir por mucho que me esfuerce). Por supuesto, tu recomendación será bien recibida por aquí.
Me alegro de volver a saber de ti y de ver que has recuperado ese maravilloso espacio digital tuyo.
Un saludo de vuelta a través del océano, ¡y seguimos en contacto!