TAPE DECK HEART: FRANK TURNER Y LA DEPRESIÓN VITALISTA

TAPE DECK HEART: FRANK TURNER Y LA DEPRESIÓN VITALISTA

Como si de un burdo McGuffin se tratase, podría decirse que toda esta trama se articula en torno a un póster de Iron Maiden ante el que un impúber Frank Turner quedó alelado mientras jugaba a Warhammer en casa de un amigo de la infancia. De alguna manera, el encontronazo con esta aparentemente inocente pancarta provocó en él cierta descarga sensorial que lo terminó por encauzar hacia los meandros de una venidera vida como músico profesional. Hay que admitir que, como leyenda fundacional, este aperitivo no está marcado por el fuego de lo épico; qué le vamos a hacer, los caminos de la gente común suelen construirse sobre adoquines tirando a ordinarios. Sin embargo, lo que importa en este caso no es el principio, pues todo lo que aquí acontece se plantea con el único objetivo de llegar a un momento determinado, décadas después, cuando el ya adulto Frank Turner publica su quinto disco en solitario: Tape Deck Heart.

Los primeros pasos

Pero tampoco conviene abandonar completamente el pasado, pues poco tiempo después de ese momento de epifanía el inocente preadolescente conseguiría por mediación de sus padres una guitarra y una copia del álbum Killers. La senda del melómano se construía a base de metal pesado. En la forja de su carácter, no obstante, también tendrían mucho que ver las traumáticas experiencias que Frank vivió en sus propias carnes como consecuencia de una nada agradecida estancia en un internado. Es de suponer que como resultado, su forma de ser quedase moldeada desde la introspección, la desconfianza, el cinismo y otras cualidades de similar envergadura.

Frank Turner en directo

El caso es que pasa el tiempo, mueren los años, y un Turner en edad escolar entra a formar parte de su primera banda, Kneejerk, junto a la que edita tres discos de bullicioso hardcore y actúa sobre varios escenarios menores de su Inglaterra natal. Más tarde, en 2001 y con esa primera experiencia musical ya descansando en paz, se une al elenco del grupo de post-hardcore Million Dead. Aquí la fama comienza a soplarle en la nuca, aunque nunca llegaría a abrazarle con cariño. En esta ocasión, eso sí, se disfruta de un más que relativo éxito y el nombre de Frank Turner es ya reconocible en determinados circuitos de nicho. Lo de Million Dead avanza con fuerza hasta que las diferencias creativas entre sus miembros obligan a bajar la persiana en 2005.

Antes de Tape Deck Heart, comienza la aventura en solitario

Es aquí, en este preciso instante en el que nuestro protagonista decide lanzar su carrera en solitario, cuando arranca realmente esta historia. Hasta ahora, Frank Turner había decantado su obra mediante sonidos tirando a crudos y directos. Sin embargo, para esta nueva singladura apostará por una estructura de naturaleza más desenchufada, más cercana a una especie de folk enérgico con salpicaduras de punk-rock. Algo que, según sus propias declaraciones, sale a la superficie tras descubrir la Nebraska de Bruce Springsteen. Y así, una vez modelada su propia banda y editar títulos como Sleep is For the Week, Love Ire & Song, Poetry of the Deed y England Keep My Bones, llegamos hasta ese ya lejano 2013 en el que Tape Deck Heart vería la luz.

El nacimiento de un disco

Para grabar este disco, Frank Turner se desplaza hasta Los Ángeles en octubre de 2012 y se deja caer en las manos del productor Rich Costey. Este, conocido de antemano por sus trabajos junto a bandas como Foo Fighters o Weezer, pronto se convirtió en una figura esencial para transformar el sonido clásico de Turner en algo más fresco y luminoso, con una instrumentación dotada de un mayor conjunto de matices que en sus anteriores trabajos. Parece ser que bastaron pocas sesiones de grabación para que Costey se ganase el sobrenombre de “Sauron, el ojo que todo lo ve”. Y así, en menos de tres meses el equipo ya tenía el conjunto lo suficientemente avanzado como para poder ofrecer un adelanto en formato de descarga gratuita a sus seguidores. Este fue el tema Four Simple Words, una canción que venía en parte inspirada por la vertiente más cabaretera de Queen, pese a que su desarrollo central comprima los momentos de mayor carga festiva y punk-roquera que habitan en el disco.

El siguiente fragmento presentado en sociedad fue radiado a partir de marzo de 2013 bajo el nombre Recovery. Poco después, el 22 de abril, el disco completo saldría a la venta.

Lo que Frank Turner cuenta en Tape Deck Heart

A grandes rasgos, Tape Deck Heart puede verse como un ejercicio de reflexión, autoevaluación y nostalgia por parte de un Frank Turner que trata de sobreponerse frente a una ruptura amorosa al mismo tiempo que lidia con el éxito alcanzado tras una gira en la que había logrado llenar plazas como Wembley o actuar durante la ceremonia de inauguración de los juegos olímpicos de 2012. Así, mediante una especie de búsqueda del yo, el álbum se ve provisto de una menor carga política o social para centrarse con mayor énfasis en otros aspectos de índole personal. El desamor, las cuentas pendientes, las amistades o los viejos tiempos son de este modo protagonistas absolutos de un conjunto que, pese a lo introspectivo de la propuesta, no deja de lado la vertiente más sarcástica y mordaz de la habitual lírica turneriana.

Frank Turner: Tape Deck Heart

Y si el objetivo era congraciarse con sus fantasmas, Turner lo hace a base de humor y confidencias seriamente construidas a través de recursos narrativos que equilibran un amplio rango de emociones; desde la pasión o el desgarro hasta el júbilo y las ganas de volver a verte. Las canciones están asentadas sobre la base de unos textos que, eso sí, no están exentos de una buena cantidad de clichés notablemente bien narrados. Este costumbrismo no resulta muy diferente al de otros cantautores folk contemporáneos, pero la forma en la que Frank Turner hace partícipe de sus desventuras y anhelos al oyente resulta aquí sumamente eficiente y, tal vez, es una de las causas principales por la que este parece estar más capacitado para congregar seguidores a su alrededor de lo que lo están otros músicos de su misma cuerda temática.

Una banda compacta y sólida

Sin embargo, esta destreza a la hora de contar historias no es la única variable que justifica esta repercusión mediática. En Tape Deck Heart, Frank Turner vuelve a recurrir a su banda de confianza: The Sleeping Souls. Y esto se deja notar. El conjunto del disco suena compacto sin necesidad de alardes técnicos ni opulencia en el virtuosismo gracias al saber hacer de Ben Lloyd, Tarrant Anderson, Matt Nasir y Nigel Powell. A ellos, además, se unen otros músicos de estudio como Fergus Coulbeck, quien contribuyó con el sonido de banyo y arpa de boca antes de jurar no volver a colaborar con Frank Turner tras una enardecida discusión a raíz de unos alimentos horneados y unos refrescos enlatados. O al menos eso se cuenta.

Bueno, el caso es que todo lo que aquí suena tiene un carácter exuberante y frondoso, notablemente alejado de los rudimentos habituales del punk o la naturaleza más casta del folk tradicional. La instrumentación, en esencia, se muestra rica en matices que se complementan a la perfección con historias narradas a base de medios tiempos, rock sin tapujos, melodías tabernarias y múltiples momentos para la introspección o la confesión en voz baja. Con Tape Deck Heart, Frank Turner logro parir un conglomerado de canciones frescas y luminosas. O, al menos, más de lo que lo habían sido sus composiciones hasta la fecha.

El comienzo con Recovery es ya una pura declaración de intenciones con aspiración de himno donde Turner aborda la necesidad de recuperarse tras una ruptura sentimental. A partir de aquí, el disco cocina a fuego lento una fideuá de aspectos morales y situaciones vitales donde encontramos viejos amigos, antiguas parejas, lugares que ya no son lo que eran y heridas que se niegan a cicatrizar. Quizás el exceso de nostalgia pueda resultar un tanto empalagoso en determinadas ocasiones, pero en el fondo de esto trata todo esto; de girar la vista y recapacitar sobre por qué pasó lo que pasó, sobre cómo hemos llegado hasta aquí y sobre lo complejo que resulta en ocasiones el hecho de avanzar más rápido que nuestros propios recuerdos.

Sin embargo, toda esta amalgama de sentires melancólicos y desazonados no sirve de excusa para crear un álbum triste pues, como decíamos, Tape Deck Heart es en esencia un disco musicalmente luminoso y ejecutado a base de melodías, estribillos o coros de folk, punk y rock vitalista al que merece la pena dedicar más de una escucha pausada.

Fotos en directo de Steve_w y Lynne Hand.

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